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Cuando en abril, Elon Musk anunció su intención de comprar Twitter, dijo que lo hacía porque “es donde se debaten los temas vitales para el futuro de la humanidad”.

Somos muchos los que, más allá de un aspecto cloacal de la red (trolls, haters, irrespetuosos, cuentas anónimas, fakes, etc.) entendemos que, efectivamente, Twitter es el espacio donde las controversias públicas se exponen con mayor fuerza, solidez e influencia, superando a otras redes sociales más populares y a los medios tradicionales de comunicación.

Líderes políticos y religiosos, deportistas, científicos, activistas y artistas de primer nivel, entre otros, usan a Twitter como principal y, en algunos casos, único canal de relaciones públicas.

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A su vez, son varios los ejemplos de la importancia práctica de la red de microblogging, como herramienta de expresión de la sociedad civil, más allá de la superficialidad de sus 280 caracteres, sus likes y sus retweets.

En 2011, por ejemplo, el dictador Hosni Mubarak tuvo que renunciar a la presidencia de Egipto por la presión de las revueltas populares. Esas manifestaciones, que fueron parte de lo que se llamó “primavera árabe”, utilizaron Twitter como plataforma de convocatoria.

Más cerca en tiempo y espacio, encontramos, en Argentina, a la red Vacuname, un grupo de padres de chicos con discapacidades, que hoy está luchando contra el ajuste que el gobierno está aplicando sobre las prestaciones al sector. Vacuname se formó el año pasado para lograr que el gobierno argentino levantase la prohibición de vacunas norteamericanas contra el Covid, las únicas habilitadas para niños y adolescentes. Si bien usaron varios métodos de difusión y presión (otras redes sociales, manifestaciones públicas, entrevistas en medios clásicos, etc.), los papás reconocen que Twitter fue el corazón de la campaña. Es más, Vacuname tuvo su origen en familias que se conocieron por Twitter.

El resultado es público. Tras unas pocas pero intensas semanas de trabajo, la prohibición se levantó y las vacunas Pfizer y Moderna pudieron llegar a los brazos de los chicos y a los de muchos otros ciudadanos. Teniendo en cuenta que Argentina es uno de los países que más muertes por habitante tuvo y que una parte de esa flagelo es atribuida a la llegada tardía de esas vacunas (se estima que los meses de demora provocaron más de 30.000 muertos) es escalofriante pensar que nos hubiese sucedido sin la vehemencia de esos padres… Y sin Twitter.

Además de lo citado, en todos estos años también hubo mensajes emblemáticos que tuvieron al pajarito como pista de despeguela renuncia del ministro Martín Guzmánla selfie de Ellen DeGeneres en los Oscar y el famoso “cuatro años más” de Barack Obama, son solo algunos de ellos.

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Por todo esto, y por muchas otras cosas similares, la sola idea que Twitter pasase a manos del hombre más rico del planeta provocó un revuelo tremendo. Desde que  Brad Pitt y Angelina Jolie fueron elegidos en 2005 las personas más lindas del globo que no se daba una unión semejante.

Pero claro, abril quedó muy lejos. En principio, la oferta de compra de Musk no fue vista con buenos ojos en la empresa, pero no les quedó otra que aceptarla. Luego, cuando todo se encaminaba, Musk decidió, con distintos argumentos (los bots, la guerra Rusia-Ucrania, etc.), retirarla. A partir de eso, se generó un conflicto legal entre ambas partes y… Así estamos.

Hoy parece difícil que la compra se concrete pero, en una realidad global tan cambiante, no hay razón para descartarla. Que el empresario más importante del mundo, que tiene un estilo de comunicación y liderazgo excéntrico, sea el dueño de la plataforma de comunicación más poderosa y diversa, todavía es una posibilidad.

Así como la Estrella de Belén fue la luz que guió a los Reyes Magos hacia el niño Dios, una unión Twitter-Musk podría convertirse en una nueva estrella que guíe los destinos de la humanidad.

¿Hacia dónde nos llevaría esa nueva estrella? Sólo Dios lo sabe.

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