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Tras la derrota, el dilema: elección, emisión e inflación

Con una inflación en agosto del 2,5%, el Gobierno logró que el índice de precios al consumidor (IPC Nacional) perforara el piso del 3%, algo que no se conseguía desde septiembre del 2020, cuando comenzó la salida de la cuarentena por la pandemia. El mes pasado también se registró el menor incremento mensual en 13 meses, encadenando cinco periodos seguidos de retroceso.

Sin embargo, la derrota electoral del domingo no sólo es un problema político para el Gobierno de Alberto Fernández, sino también una piedra (y grande) para el ministro de Economía, Martín Guzmán, en su objetivo de que la inflación prosiga en un “lento deslizamiento en descenso” hasta fin de año, como el propio funcionario calificó al proceso.

¿Por qué? Porque la aparente estrategia del Gobierno para intentar recuperar votantes luego de la mala experiencia en las urnas se asentará en inyectar de inmediato pesos a la economía (se habla de fuertes desembolsos estatales para generar un ánimo diferente en las generales de noviembre), lo obligará a emitir más y más rápido, con la consecuente presión sobre la inflación para los meses que siguen.

“Se vienen medidas que tienen que ver con lo salarial y con los trabajadores, entre otros sectores”, dijo este martes Victoria Tolosa Paz, primera candidata a diputada por el Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. “Ya tuvimos una reunión con el Jefe de Gabinete (Santiago Cafiero) y con los ministros y se está trabajando fuerte en ver cómo dar respuestas inmediatas”, apuntó.

En este sentido, con el resultado de las Paso ya puesto, el economista Bruno Panighel entiende que “el gasto va a ser el máximo posible” y que “no habrá recorte”. “La recaudación de impuestos está estancada porque la actividad no está creciendo lo suficiente y la carga tributaria efectiva da mayores incentivos a evadir o a licuar, esperando más inflación”, analiza el especialista. Además, advierte que toda la estrategia parece basada sólo en las licitaciones de deuda en pesos, algo que, si bien están dando “buenos resultados”, “si eso falla, como pasó en julio, el Gobierno ya no tendrá caja y saldrá a pedirle más al Banco Central, que emitirá lo que haga falta”.

Hasta el 8 de septiembre, el Central emitió 140 mil millones de pesos, que es el déficit aproximado mensual. En lo que va del año, ya son más de 850 mil millones, el 30% de la base monetaria. “Sólo eso genera un piso de inflación del 30% en un año, y con un buen nivel de endeudamiento en pesos. Si esa variable falla, por desconfianza o por lo que sea, y se recurre a más emisión, se va a llenar el mercado de pesos”, explica el economista, entendiendo que la consecuencia directa de esto es más inflación.

Si se analiza la inflación interanual, es decir la “inercia” que tiene la suba de los precios desde agosto de 2020 hasta el mes pasado, el dato espanta: 51,4%. Es el incremento más elevado desde enero del año pasado, cuando marcó 52,9%, luego de haber estado casi 12 meses seguidos (todo 2019, al final del Gobierno de Mauricio Macri) por encima del 50%.

Varios datos clave a tener en cuenta: la suba de precios “moderada” de agosto se dio en un contexto de dólar oficial avanzando por debajo del 1% mensual, casi sin aumento de tarifas (especialmente en la Ciudad de Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires), con la nafta congelada (en teoría, hasta fin de año) y con los distintos programas de controles de precios activados.

Esto permite pensar que hay una inflación reprimida que por ahora se cubre con subsidios (y emisión), pero que en algún momento se va a sincerar. Para el economista Diego Dequino, en los 30 meses entre enero de 2019 y junio de 2021 hay una diferencia acumulada y “escondida” en el índice general de precios del 5,5%.

Números de agosto

Haciendo foco en la suba de precios de agosto, el nivel general que mide el Indec en la Argentina urbana fue del 2,5%, con un fuerte incremento de la inflación núcleo (+3,1%) y muy poco impacto de los precios regulados (+1,1%) y de los estacionales (+0,6%). Las divisiones que soportaron mayores incrementos fueron Educación y Salud (por las prepagas y los medicamentos), ambas con un 4,2% de suba mensual.

En lo que va del año, hasta agosto, el nivel general ya trepó 32,3%, superando las previsiones expuestas en el Presupuesto 2021, que hablan de un incremento en todo el año del 29%.

Con esas expectativas, Guzmán intentó anclar las pretensiones de los gremios en un porcentaje no muy superior al 30%, algo que, en parte se logró. Sin embargo, con una inflación esperada para el 2021 del orden del 48 al 50%, la caída real del salario continuó el proceso que comenzó en 2018, convirtiéndose en una de las causas de la derrota del domingo.

Sólo la cuarentena desaceleró los precios

Desde el Centro de Almaceneros de Córdoba, su gerenta, Vanesa Ruiz, dice que aunque han medido que en los últimos cuatro meses se ha producido “una desaceleración” en la inflación de los alimentos, “las ventas no han mejorado y en agosto estuvieron 7,6% abajo”.

“Seguimos con los números en rojo y si bien no han seguido cayendo, tampoco ha habido una recuperación que nos aliente a pensar en que esto vaya a mejorar”, agrega. “Evidentemente, las familias tienen una pérdida muy grande de poder de compra y eso se refleja en los puntos de venta de los barrios”, apunta.

El problema que Ruiz advierte para lo que queda de 2021 es que se está entrando al periodo más “caliente” del año en materia de precios. “Los meses de octubre, noviembre y diciembre son históricamente los más inflacionarios, por lo que la realidad no se advierte como muy esperanzadora”, agregó.

Fuente: La Voz

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