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Nuestro comentario de “Esquirlas”: La verdad y los canallas

En noviembre de 1995, Río Tercero dejó de ser la tranquila ciudad del interior provincial que siempre fue y pareció transformarse en el escenario de una guerra. ¿Eran las calles convertidas en escombros tras un bombardeo en Alepo? ¿Un barrio destruido de la Franja de Gaza? Los archivos son contundentes: la ciudad estaba cubierta de polvo, como sus habitantes. ¿Qué había pasado?

Un canalla al mando del Estado y sus cómplices castrenses eran los responsables de los hechos, y no tardaron mucho para producir una escena que fijara la hipótesis de un accidente. Las explosiones de la Fábrica Militar no fueron azarosas. El tiempo desmontó la astucia retórica de los poderosos, la verdad era otra.

Esquirlas retoma el escándalo y la desgracia, pero también apunta hacia otro lado. La directora Natalia Garayalde no prescinde de contrarrestar la trama mafiosa de un hecho ligado a la corrupción menemista cuya malla añade el poder judicial y mediático en la falsificación del discurso sobre lo sucedido, pero tampoco inclina la voluntad de verdad que erige a su película en un relato de denuncia.

La enunciación cinematográfica no teme la imputación, pero no es la fuerza estética de la película. El último plano de Esquirlas en el que un padre baila con su hija frente a cámara glosa el misterio, no menos que otro en el que una joven mira circunstancialmente a una cámara que la filma sin saber que será la última mirada que de ella quede entre los vivos.

La contundencia reside en eso que le compete al cine en tanto invención: detener el tiempo, hacer de los vivos una comunidad de espectros.

Que Garayalde jugara con la cámara familiar a ser cineasta es una contingencia y el indicio de una vocación. Lo que recogió antes, durante y después de las explosiones no es otra cosa que un segmento de la vida familiar filmada, que después de 25 años constituye una memoria propia y pública.

Es así porque todo lo filmado entra en colisión con otros archivos y nuevos registros, operación de montaje que esclarece la memoria histórica y llega hasta el presente. Lo que se ve son sentimientos filmados y recuperados. Lo que se devela es la verdad a secas. El resto es interpretación.

Esquirlas

(Argentina, 2020). Documental dirigido por Natalia Garayalde. Duración: 69 minutos. Apta para todo público. En el Cineclub Municipal Hugo del Carril, desde el jueves 9 de septiembre. Horarios aquí.

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Fuente: La Voz

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