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El Viernes Santo los excombatientes correntinos estuvieron el pico. Un encuentro con un enemigo inglés. El diálogo a casi cuarenta décadas del conflicto.

[CORRIENTES]- 

Monte Harriet es el segundo pico elevado, detrás del Kent; en el que se desplegaron los soldados argentinos al Sudoeste de la Isla Soledad, entre abril y mayo de 1982. Parte de los Regimientos 4, 12, con piezas de artillería cañones 105 mm, morteros 81 y 120 mm se ubicaron casi en la cima de los 219 metros del rocoso monte. Empinadas laderas y moles de piedra sirvieron para albergar muchas posiciones.

La flota enemiga apareció después del 1 de mayo, hostigó de manera meticulosa las laderas del Harriet; desde una distancia promedio de 15 km fuera del alcance de tiro argentino. Durante el atardecer se los veía colocarse en posición, iluminaban el horizonte, al segundo volaban las piedras y la montaña se retorcía herida.

Por la mañana los aviones Sea Harrier, barrían y curuicaban la piedra; si el clima lo permitía. Y el clima, el clima buscaba limpiar las heridas de la mole dejando caer agua. Al rato nieve como ungüento blanco, arrojaba hielo a las laderas o soplaba con intensidad para aliviar el ardor.

Las tropas británicas, galesas, gurkas; y sus unidades especiales avanzaron como pudieron con la cerrada noche del 11 de junio. La batalla se esparció sobre el Monte Harriet.

En cada piedra buscó hacer pié, esa noche nadie descansó; los sueños y pesadillas se pasaron para otro momento.

37 años pasaron y la montaña sigue herida, el clima no consigue sanarla, agua, nieve y viento continúan siendo insuficientes. Gustavo Luque y Rodolfo Bernardini, guiados por Oscar Saravia; treparon el Harriet y llegaron a la cumbre, una cruz blanca recuerda a los soldados británicos caídos.

Un grupo de 15 personas están formados elevan plegarias, son cadetes de unos 20 años junto a ellos un instructor con más del doble de edad. Combatió en Harriet, llegaban más retrasados un anciano y un acompañante.  El anciano con un bastón de escalar se acomodó sobre una piedra.

Oscar y Gustavo se acercaron a dialogar, dos del grupo entienden y hablan algo de español. Pertenecen a la Guardia Escocesa, su instructor combatió y fue herido en el Harriet.

El anciano, señalan; combatió en Tumbledown, es el Mayor retirado Iain Dalzel Job lo acompaña su hijo Michael.

El grupo sigue camino, algunos saludan con un movimiento de cabeza, al final el instructor se acerca a Oscar y extiende su mano, el apretón es fuerte. Dice algo, se presenta. Sigue camino. Gustavo asegura que se presentó y saludo al ex combatiente.

Ahora escuchan que alguien llama, “Óscar…”, la rezagada pareja los aguardaba. Se acercan al Mayor, Oscar levanta su mate. El anciano asiente, “Yes, mate”; señala en espanglish. Oscar le convida. Gustavo y el hijo están asombrados. El hijo comenta al padre, lo que en ingles le relató Gustavo; que Oscar combatió en el Harriet.

El soldado conscripto clase 62 Saravia Oscar, del RI12 General Arenales; recibe la mano del Major Job Iain Dalzel, de la Guardia Escocesa. Saravia responde con un abrazo. Hay lagrimas que caen de los ojos de los dos guerreros.

“La emoción fue inmensa, se me movió todo por dentro. Ellos se enfrentaron a muerte en el 82 y ahora…, fue un momento lleno de paz”, cuenta Gustavo.

“Le miré a los ojos, vi su emoción y sus lágrimas; y también lloré”, recuerda Oscar.

Esa dosis de paz, alcanzará para combatir el dolor de la montaña. Creo que esas lágrimas actuaron como morfina por algún tiempo.

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