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Desde mi lugar como musulmán, que nació, se crió y vivió toda su vida en Occidente, siento que “Sharia” es probablemente el término islámico más malentendido y malinterpretado en nuestras sociedades. Observamos desde nuestra mirada los acontecimientos en el mundo musulmán y llegamos muchas veces a una conclusión precipitada y errónea. Sea el terrorismo, el fundamentalismo, la persecución violenta contra las minorías, el maltrato hacia la mujer, la imposición de ciertas costumbres, la intolerancia o cualquier otro conflicto social, parece que todos los caminos conducen a la Sharia.  Se cree que la ley islámica es la culpable de todos los males y la solución propuesta suele ser simplemente modificarla conforme nuestros valores occidentales y modernos. Incluso, hay movimientos en distintos países de Europa cuya agenda consiste en la lucha contra la Sharia y “la islamización”.  No es solo Europa, también en nuestra sociedad hay algunos que han desarrollado la idea de que el islam es incompatible con la paz y que la Sharia es un obstáculo para la libertad, la democracia y nuestros ideales.

Sin embargo, “Sharia” significa literalmente en árabe “camino” y hace alusión a todos los valores morales y espirituales que son imprescindibles para vivir en armonía con el Ser Divino y su creación. La Sharia se basa en los siguientes pilares: el Sagrado Corán, la tradición y los dichos del profeta Muhammad, el fundador de la religión.

Cabe señalar que los seguidores del islam están divididos hoy en día en más de 70 corrientes y cada una tiene su propia forma de interpretar y vivir la fe. Entonces, no es solo imposible homogeneizar al mundo musulmán, sino que es una falacia definir a la Sharia por su aplicación en un país y/o por la interpretación que hace de ella una agrupación en particular. Asimismo, merece la pena cuestionar la postura de atribuir ciegamente los delitos de un individuo musulmán o los problemas sociales de una sociedad mayormente musulmana, a la religión del islam. Se ignora que la definición no solo del islam sino de cualquier religión no se debe basar en lo que afirma o hace un seguidor o una institución en nombre de tal religión, sino en lo que enseña tal religión desde sus propias fuentes originales.

De hecho, es primordial clarificar que la Sharia se arraiga en el ejercicio del libre albedrío y en la libertad de religión. Imponer mandamientos islámicos  a los demás en nombre de Al’lah es una contradicción a los principios básicos del islam.(Corán 10:100) Por ejemplo, si bien el velo es un mandato coránico para la mujer musulmana, el mismo texto sagrado prohíbe categóricamente el uso de la coacción en asuntos religiosos. (Corán 2:257). Una musulmana puede usar el velo como símbolo de su espiritualidad únicamente por su propia elección y convicción. Ningún hombre y ninguna entidad tienen el derecho de intervenir o imponerlo en nombre de Dios. Por lo tanto, el profeta Muhammad, en su función adicional como gobernante de Medina, una sociedad pluralista y multiconfesional, estableció la separación del estado y la religión.

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Por otro lado, es vital recalcar que según las propias fuentes de la Sharia no hay ningún castigo por apostasía o blasfemia: no hay un solo versículo del Corán ni un solo hecho en toda la vida del profeta donde él hubiera mostrado alguna reacción violenta o donde hubiera castigado a alguien debido a sus actos blasfemos o apóstatas. “Islam” literalmente significa en árabe “paz” y condena todas las formas de violencia y terrorismo. El Sagrado Corán aclara que quien mata a una persona inocente es como si hubiera matado a toda la humanidad. (Corán 5:33) 

Otro error común es acusar a la religión por el maltrato hacia la mujer que existe en algunos países de mayoría musulmana. Ya hace 14 siglos el islam anunció la igualdad entre ambos géneros y se le otorgó a la mujer el derecho a elegir libremente a su marido, a divorciarse, a manejar sus propiedades, a heredar, a obtener educación, a ser una parte activa y productiva de la sociedad. Aisha, la esposa del profeta, es reconocida como la gran maestra de los devotos e incluso en una batalla ella dirigió a un ejército entero de musulmanes. El profeta Muhammad elevó el estado de la mujer hasta ese punto y declaró que el mejor entre sus adeptos es aquel que sostiene la mejor conducta hacia su esposa.

En conclusión, la Sharia, en realidad, es un garante de la diversidad y de la convivencia armónica. Si hay musulmanes que usurpan los derechos de los demás, es solo porque rechazan las enseñanzas del islam, o las ignoran por completo. Estas personas no son solo una amenaza para el occidente, sino también para el propio islam.

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En fin, la crisis del mundo musulmán como consecuencia de la distorsión de sus enseñanzas religiosas fue anticipada por el mismo profeta Muhammad. Él profetizó también la llegada de un gran reformador en los últimos días, conocido como el Mahdi y el Mesías. Mientras que la mayoría de los musulmanes lo siguen esperando, hay un grupo de musulmanes, la comunidad musulmana Ahmadía, cuyo lema es “Amor para todos, odio para nadie”, que considera a su fundador, Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad, como el reformador prometido. Como representante de este movimiento en nuestro país expreso mi posición en pos de fomentar el diálogo y promover las enseñanzas verdaderas y pacíficas del islam.         

Marwan Sarwar Gill es Imam (teólogo islámico) y presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina.

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