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Depresión, estrés, insomnio y hasta incluso ataques de pánico. En los últimos años, se instaló entre los jóvenes el concepto de ecoansiedad: una preocupación por el cambio climático que termina manifestándose a través de fuertes afecciones. Las noticias no ayudan. Constantemente se escuchan nuevas catástrofes naturales que suceden alrededor del mundo. Desde incendios por la suba de temperatura, hasta inundaciones y sequías, como las que afectan a la Argentina en este momento. 

La crisis climática, sin embargo, trasciende a lo generacional y hoy la preocupación está cada vez más extendida, al punto que se convirtió en un tema fundamental en la agenda pública. Son cada vez más las empresas y organizaciones que, alineadas con los objetivos de los gobiernos, están dispuestas a adoptar y alentar cambios para proteger y preservarlos ecosistemas.

Prueba de este compromiso fue la congregación de El Grupo de Liderazgo Climático, conocido como el C40, este último mes en Buenos Aires. Alcaldes de 100 ciudades, empresarios, sociedad civil, incluso líderes religiosos, y personas influyentes a nivel mundial se reunieron durante tres días y presentaron ideas innovadoras para enfrentar el cambio climático, sus efectos y reflexionar sobre el rol que tienen los gobiernos para abordar esta materia. 

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En concreto, el Banco Mundial, el BID  y la CAF reafirmaron su compromiso con el desarrollo sostenible y el financiamiento de proyectos para la acción climática en América Latina y el Caribe por al menos 77,9 mil millones de dólares hasta 2026. Ese financiamiento busca ayudar a los millones de latinoamericanos que viven en zonas de alto riesgo climático e implicará una inyección interesante en términos de finanzas de impacto.

Otro indicio de la tendencia por avanzar hacia un modelo más sostenible es la gran inversión a nivel global  en instrumentos financieros de este tipo (Bonos verdes, sociales, sostenibles, vinculados a la sostenibilidad y de transición). En 2021, hubo un nuevo récord global en términos de emisión de deuda sostenible, que alcanzó los 1,6 trillones de dólares según Bloomberg New Energy Finance. En Latinoamérica, en tanto, hubo bonos verdes, sociales y sostenibles por  48.6 mil millones emitidos en el primer semestre de 2021, casi el triple que en 2020. En la misma línea, actualmente, en la Argentina, se encuentran listados en el panel de bonos sociales, verdes y sustentables de BYMA (bolsas y Mercado Argentinos) un total de 33 bonos.

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El mundo está en un punto de inflexión. La buena noticia es que ese cambio de rumbo representa una oportunidad y beneficios para las empresas y proyectos con impacto positivo. Si bien es un reto adentrarse en las finanzas sostenibles, cada vez existen más alternativas para poder lograrlo. 

Una organización que trabaja activamente sobre la reducción de la huella ambiental no solo contribuye con la comunidad, sino que también puede aumentar su rendimiento, mejorar su  reputación, insertarse en cadenas de valor más exigentes y generar así nuevas oportunidades comerciales. 

Los desafíos sociales y ambientales que enfrentamos no pueden postergarse. Si bien necesita acelerar, la tendencia en torno a la sustentabilidad y el impacto positivo que atraviesa las regulaciones y la forma de hacer negocios marca el camino. Desde nuestro país, es hora de animarnos, capitalizar las oportunidades que se crean e ir por más, cuidando el ambiente y generando desarrollo en nuestra comunidad.

Por Iván Buffone, director de Business & Sustainability.

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