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Cuidemos los alimentos: planificá tu compra y reducí el desperdicio de alimentos

Hasta que un alimento llega a la mesa de los consumidores pasa por una extensa cadena agroalimentaria, e incluye las etapas de producción agropecuaria, almacenamiento, procesamiento, distribución y consumo. Durante toda esta cadena los alimentos pueden sufrir diversas transformaciones que los llevan a una merma de los mismos. Si esta ocurre antes de llegar al comercio minorista se denomina pérdida, en cambio si se produce una vez que el alimento está listo para su consumo, y es descartado por el minorista o por el consumidor se habla de desperdicio.

Se estima que mundialmente alrededor de un tercio de los alimentos se pierde o desperdicia antes de ser consumidos, lo que equivale a 1.300 millones de toneladas anuales.

Entre las principales causas de la pérdida de alimentos se pueden mencionar a una producción mayor a la demanda, la cosecha antes de tiempo, la deficiencia en los sitios de almacenamiento y las fallas ocurridas durante el procesamiento y el transporte.

En relación a los desperdicios alimentarios, en Argentina se desperdician 38 kg de alimentos por persona por año. Puntualmente, en la Ciudad de Buenos Aires, estas mermas se deben principalmente a la caducidad en la fecha de vencimiento, a la pérdida de calidad, a errores en la conservación, almacenamiento y en la preparación de los alimentos. A su vez, los principales alimentos desperdiciados son frutas y verduras, lácteos, productos de panadería y pastelería y comidas preparadas.

Planificación compra

Si bien los gobiernos, las empresas productoras de alimentos, los distribuidores, los comercios y los consumidores están involucrados en la problemática de la pérdida y los desperdicios alimentarios y tienen a su alcance distintas formas de incidir sobre ella; a nivel individual, los consumidores tienen la posibilidad y la responsabilidad de reducir los desperdicios alimentarios por medio de diferentes estrategias:

  • Compra local: el consumo de alimentos producidos en la zona tiene múltiples ventajas. Por un lado, permite que estos sean consumidos mientras están frescos, y por otro, como deben ser transportados por distancias cortas se necesita menos energía para su conservación y transporte, por lo que resultan más baratos y tienen menor impacto ambiental.
  • Almacenamiento adecuado: fundamental para facilitar la conservación de alimentos y organizar su utilización, evitando que se venzan antes de su consumo. En este sentido es útil la estrategia PEPS (primero en entrar, primero en salir), que consiste en colocar primero los alimentos más antiguos para que queden a mano.
  • Aprovechamiento de todas las partes comestibles: Utilizar en diferentes preparaciones las partes de los vegetales que habitualmente se descartan como las pencas de acelga, hojas de brócoli, hinojo y remolacha.
  • Cálculo de porciones: tener en cuenta el rendimiento de los diferentes alimentos para evitar preparar de más. Cocinar cantidades extra puede ser una buena estrategia, siempre y cuando se tenga planificada la utilización del alimento. Por el contario, hacerlo sin control puede incrementar los desperdicios.
  • Sobrantes de alimentos: las sobras alimentarias pueden conservarse por hasta 72 hs refrigeradas o congelarse en recipientes herméticos y porcionados para ser consumido en otra oportunidad. Los alimentos una vez descongelados y/o recalentados se deben consumir por completo y no se deben volver a recalentar o conservar.
  • Correcta refrigeración: para garantizar que el frío alcance a todos los alimentos, evitar que toquen el fondo de la heladera y dejar espacio entre ellos para permitir que el aire circule. Colocar en el estante superior la leche y los productos lácteos, en el centro los productos listos para consumir y los cajones las frutas y las hortalizas. Evita guardar alimentos calientes (esto eleva la temperatura interna de la heladera) para ahorrar energía, y conservar las sobras de alimentos preparados en recipientes con tapa, para evitar la transmisión de olores y sabores.
  • Fuera de casa: al comer afuera, en caso de que sobre comida, pedirle al mozo que arme un paquete con los restos para ser consumidos luego en el hogar o para armar una vianda.
  • Planificación de la compra: en base a los menúes habituales se sugiere armar una lista de compras que permita ahorrar tiempo y evitar comprar de más. También esta estrategia ayuda a no caer en la monotonía alimentaria, aprovechar ofertas y a no malgastar dinero.

En 2019, la 74a Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 29 de septiembre como el Día Internacional de Conciencia de la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, reconociendo el papel fundamental que desempeña la producción sostenible de alimentos en la promoción de la seguridad alimentaria y la nutrición. Sin duda, este nuevo Día Internacional se enfrenta a muchos desafíos para alcanzar las metas de «Consumo y producción responsables» que contribuirá a la lucha contra el Hambre Cero y el Cambio climático.

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