La economía y el desafío de enfrentar la segunda ola

Compartí este articulo!

Luego del tiempo transcurrido, las condiciones que habíamos definido como un “cisne negro” que sobrevolaba las economías del mundo se han instalado un poco más que temporalmente y sus efectos claramente van a definir el desempeño de los países, casi sin excepción.

Argentina, particularmente, sufrió graves consecuencias durante el año pasado y si bien la recuperación parece ser más robusta que lo se proyectaba en un principio, aún existen demasiados frentes por delante.

El nivel de actividad económica muestra un claro repunte luego de que se flexibilizaron las restricciones de circulación en la segunda mitad de 2020, cuando las variables se vieron afectadas de manera tan significativa como sucedió con la pandemia, pero se debe ser muy cuidadoso con el análisis y la interpretación de los datos.

Realizar comparaciones con niveles sumamente bajos, como fueron los de un año atrás, puede dar una falsa sensación de recuperación. En este sentido, el desempeño de la segunda parte del 2020 dejó un arrastre del cinco por ciento para 2021 y esto significa que, aun cuando se produjera un estancamiento absoluto de la economía durante todo el año, las estadísticas mostrarían un incremento del producto interno bruto (PIB) del cinco por ciento.

Establecido este “piso” de crecimiento, tanto las proyecciones del sector privado como desde el Gobierno coinciden en que la recuperación sería aproximadamente de siete por ciento. No obstante, para retornar a los niveles prepandemia se necesitaría una expansión de al menos un 10 por ciento. Es importante aclarar que idéntico comportamiento se observa en todos los países de la región, y Argentina se ubica levemente por encima del promedio.

Los más y los menos

Pero la pandemia no afectó a todos los sectores por igual, ni la velocidad de recuperación es homogénea. La construcción, por ejemplo, fue el segundo sector más golpeado, pero la reacción fue tan rápida que no sólo es el sector con mayor arrastre para 2021, sino que ya recuperó el nivel prepandemia.

Por su parte, el sector financiero y los servicios públicos fueron los sectores menos afectados y ahora evidencian menor efecto arrastre.

Para el comercio y la industria observamos un comportamiento similar al de la construcción, pero a menor escala; ambos se encuentran por encima de los niveles previos a las restricciones.

Por otro lado, la actividad inmobiliaria y la pesca fueron sectores muy golpeados que mostraron cierta recuperación, pero que aún no alcanza para volver a los niveles iniciales. Mientras que en minería y transporte, que tuvieron caídas similares, no se observan repuntes.

El caso más dramático lo constituyen turismo, hotelería y gastronomía, con la peor caída en 2020, combinado con una tenue recuperación y sumamente condicionados a la luz de las casi seguras nuevas restricciones.

En suma, si bien la actividad económica se viene recuperando por encima de lo esperado, hacia adentro se observan características heterogéneas donde algunos sectores mostraron un sólido desempeño, mientras que otros todavía no lograron recuperar los niveles prepandemia.

Cómo cuidar la economía real

De cara al recrudecimiento de los contagios y a las nuevas restricciones, combinado al escaso margen en materia de espacio fiscal, esto permitiría identificar los sectores donde el Gobierno debería articular políticas específicas de ayuda para evitar que la actividad se siga derrumbando y que se profundice la pérdida de puestos de trabajo.

Esto nos lleva a analizar las posibilidades de la política fiscal para compensar las pérdidas de la economía real.

La flexibilización de las restricciones y su efecto sobre el nivel de actividad permitieron la reducción de ayudas por parte del sector público tanto a las personas como las empresas (IFE, ATP) y contribuyeron a la reducción del déficit fiscal. Eso posibilitó una menor emisión de dinero a través de la asistencia monetaria del Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Recordemos que esa mayor cantidad de pesos, en un contexto de incertidumbre como era el inicio de la pandemia, derivó en un aumento de la demanda de dólares, presionando al alza del tipo de cambio.

Además, la menor asistencia estuvo vinculada con la mayor capacidad del Gobierno de colocar deuda en moneda local por encima de los vencimientos, lo que permitió financiar parte del déficit sin tener que recurrir al BCRA.

La menor inyección de dinero, sumado al mejor manejo de la liquidez por parte del BCRA a través de una política monetaria más contractiva, fueron los elementos principales por detrás de la estabilización del frente monetario y financiero. A eso se le sumó la mejora importante que evidenciaron los precios internacionales de las commodities, elevando las exportaciones.

Entonces, si enfrentar la llamada “segunda ola” con restricciones de circulación hace necesario recurrir nuevamente a la política fiscal, se debería desandar este camino con grandes probabilidades de volver a la inestabilidad sufrida a mediados del año pasado.

El proceso se verá empeorado por dos condiciones que actualmente se presentan con más complicaciones: por un lado, la aceleración del proceso inflacionario; y por otro, condiciones internacionales que, excepto por el comportamiento de los precios de los bienes exportables, se visualiza con muchos inconvenientes.

En lo que hace al comportamiento de los precios, la aceleración de los últimos meses tensiona los precios relativos, lo cual no contribuye a disminuir las presiones.

El alza de precios internacionales, favorable por el lado de la obtención de divisas y la mejora de las cuentas públicas vía los derechos de exportación, afecta directamente el precio de los alimentos.

En este contexto, la inexistente recuperación del salario desde antes de la pandemia impide la reactivación del consumo interno e incide directamente en los niveles de pobreza e indigencia, llevándolos a valores muy preocupantes.

También debe tenerse en cuenta que las tarifas llevan más de dos años congeladas; la contrapartida es el incremento de los subsidios energéticos, lo cual lleva al incremento del gasto público, que durante 2020 explicó casi la totalidad del rubro.

Por el lado del contexto internacional, el necesario acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) introduce tensiones en las expectativas de los inversores que mantienen el riesgo país en niveles elevados. Esto se produce luego de la disminución observada en el indicador a partir de la reestructuración de la deuda pública en moneda extranjera, provocando dificultades para la acumulación de reservas.

En definitiva, si bien la economía argentina ha mostrado posibilidades de recuperación, aún presenta las suficientes debilidades para que las perspectivas de enfrentar un recrudecimiento de los contagios no sean lo positivas que todos quisiéramos.

Ante esto, la política fiscal deberá ser manejada con la suficiente habilidad y el equilibrio para auxiliar a los sectores económicos y atender las necesidades sociales tratando de evitar las consecuencias de un exceso de déficit en las cuentas públicas.

*LIcenciada en Economía

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: