La economía no es una ciencia exacta, pero es inexorable

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Si bien la economía no es considerada una ciencia exacta, ha demostrado a través de la historia que hay una correlación directa e inexorable entre las medidas que se adoptan y sus efectos. Económicamente, ningún gobierno puede escapar a las consecuencias de sus desaciertos políticos y conceptuales, pudiendo recoger, en cambio, los resultados positivos de sus aciertos.

Si bien no es exacta, es inexorable y representa un escollo para prolongar las experiencias populistas.

Pretender conducir los destinos de un país intentando doblegar las fuerzas de los mercados y las acciones de los individuos representa una actitud ingenua y estéril.

La crisis sanitaria y la larga cuarentena han ocasionado importantes daños económicos a nuestro país. Sin embargo, los preocupantes indicadores negativos que han aflorado reflejan, en gran parte, los desaciertos conceptuales, tanto políticos como económicos, por parte del Gobierno.

Así lo indican el 4,8 por ciento de inflación de marzo, la caída de la actividad económica y el 50 por ciento de pobreza en el conurbano bonaerense, situación que exige una inmediata corrección política.

La exagerada dimensión que ha adquirido el sector público y una obstinada e incomprensible actitud de resistir acuerdos con los organismos internacionales de crédito, por conceptos ideológicos, han condicionado al país a recurrir a una exagerada emisión monetaria para financiar sus déficits.

Ese dinero volcado al mercado está comenzando a despertar una elevada inflación, a pesar de los controles, las prohibiciones y los congelamientos que se han instrumentado.

Esta inflación reprimida que se pretende imponer, lograda por un intervencionismo estéril del Estado en la economía, está llegando a su fin. Aunque se apliquen mayores controles, sólo se logrará diferir las correcciones que impone el mercado.

Importantes empresas han decidido retirarse del país, y muchas están en la búsqueda de compradores para escapar del autoritarismo que caracteriza a estas políticas, porque comprometen la rentabilidad y el capital empresario.

Debemos sumar a este cuadro económico negativo la decisión política de avasallar las instituciones republicanas, comprometiendo la independencia de los poderes del Estado, instalando un clima de inseguridad jurídica y de desconfianza.

En estas condiciones, la inversión seguirá reticente, el crecimiento, la creación de empleo y la reducción de la pobreza tendrán que esperar a que se recupere el equilibrio, mediante un cambio de orientación política y económica.

Los acuerdos políticos son importantes y muy necesarios para restablecer la confianza. Dan señales de continuidad, pero sólo tendrán éxito si están basados en sostener los principios y los valores que emergen de la libertad y el respeto a las instituciones.

De lo contrario, habrá que esperar que el éxito económico de algún gobierno bien orientado, merced a suscribir estos principios, disuada y convenza a los escépticos.

* Presidente de la Bolsa de Comercio de Córdoba

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