Alejandro Schmidt, la poesía como religión

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Mucho antes de morir, el 3 de febrero pasado, Alejandro Schmidt ya era uno de los poetas más influyentes de la Argentina.

Con independencia de los reconocimientos formales o informales, la potencia de su obra, que supera los 40 títulos, es una evidencia en sí misma y se percibe en la fuerte marca que dejó en poetas de generaciones posteriores. Su voz poética, la que permanece en sus libros, siempre se ha destacado por su originalidad, por su autenticidad y también por su sarcasmo.

Quienes lo conocieron coinciden en que Schmidt era un poeta con una personalidad fuerte, que casi nunca callaba sus opiniones, aun cuando ofendiera, irritara o provocara indignación, y si bien a veces se excedía o era injusto, su generosidad y su entrega a la poesía compensaban todo lo que podía molestar en su figura pública.

Este lunes 3 de mayo, el autor de Esquina del universo cumpliría 66 años. Pese a las restricciones impuestas por la pandemia, su figura será evocada en una charla que se emitirá por YouTube, organizada por la Universidad Nacional de Villa María, en la que participarán los poetas y editores Leticia Ressia, Elena Anníbali, Javier Magistris, Daniela McAuliffe, Pablo Dema, José Di Marco, Carlos Ferreyra, coordinados por Carlos Gazzera.

Además, se presentará el libro Perro de Dios. Diez años en la poética de Alejandro Schmidt, de Elena Anníbali y Leticia Ressia, publicado en conjunto por Eduvim y por la editorial de la UNC.

Sería difícil encontrar a una persona que se haya entregado tanto a la poesía como Alejandro Schmidt. No sólo la escribía a razón de varios poemas por día sino que durante muchos años también se dedicó a difundirla a través de su propia editorial, Radamanto, y sobre todo, a través de las hojas de poesía, Alguien llama, que distribuía por correo a todo el país desde su casa en Villa María.

Esa profesión de fe fue formulada por el propio poeta en una entrevista publicada en el libro Fragmentaciones (Poesía y Poética de Alejandro Schmidt), de Carlos Gazzera y María Teresa Andruetto y en el que también colaboró María del Carmen Marengo. Ahí dice: “De los treinta en adelante, yo sentí que la poesía era mi vida, el camino que yo iba a hacer en la vida”.

La mirada de los otros

Por cierto esa pasión ha calado profundamente en otros poetas y son ellos, en este caso María Teresa Andruetto, Elena Anníbali, Leticia Ressia, María del Carmen Marengo, Carlos Gazzera y Pablo Dema, quienes mejor pueden ofrecer una guía para entender el valor de la poesía de Schmidt.

Todos ellos han tenido una relación más o menos cercana con el poeta de Villa María, correspondencias, encuentros, desencuentros, conversaciones, discusiones y peleas, algunas definitivas. Pero ninguno deja de reconocer el valor de su obra.

“El modo sintético y vertiginoso que tienen los poemas (versos látigo, versos rayo, versos puñal) literalmente impactan la sensibilidad de una manera única .Uno siente en el cuerpo los poemas y tiene la impresión de que fueron disparados sin mediación del intelecto o de una técnica racionalizada, como si eso que imaginamos que es la poesía hubiese anidado en el cuerpo de Alejandro y desde allí relumbrara, siempre igual de poderoso y siempre diverso”, dice Pablo Dema.

También María Teresa Andruetto subraya esa fuerza de la poesía de Schmidt y a la vez señala un hemisferio oscuro en ella: “En Alejandro veo un enorme talento para la poesía. Como una cosa desbocada, tremenda. Conozco cómo era su proceso creativo y era así, desaforado. Después elegía qué cosas publicar o qué decantaba y dejaba a un lado. Pero era una escritura, diría, desde la rabia”.

La autora de Kodak recuerda un poema en el que Schmidt dice que se llega al corazón para romperlo. “Algo parecido leí en una de las últimas entrevistas, en la que le preguntan: ¿y para qué habría que romperlo? Y él responde algo así: ‘como un juguete, para ver lo que se tiene adentro’. Ese fue el camino de siempre de Alejandro. Una rabia, un rencor, una potencia. Tan creadora en la palabra como a veces tan destructiva para él”.

Leticia Ressia la caracteriza como “una poesía inquieta, básicamente porque él temía aburrirse de los temas y también por qué no, de las estéticas” y destaca su libertad literaria: “Escribió como quiso y desde donde quiso”. En este sentido, piensa que “es una poesía situada en una voz, en un lugar, en un margen”.

La intensidad

“Para hablar de la importancia y del valor de la poesía de Schmidt habría que dejar de lado un eventual conocimiento sobre teoría e historia literaria y apelar a algo que es más importante: la experiencia de la lectura y de la escucha en vivo de sus poemas, incluso antes de saber yo algo sobre teorías o historia de la poesía. En ese sentido, el impacto y la conmoción fueron de una continua y renovada intensidad”, señala Dema.

María del Carmen Marengo identifica dos grandes etapas en la poesía de Schmidt: “Una, en la que aparece una tensión permanente entre un plano de la realidad cotidiana, que implica una visión desencantada, y un plano de lo espiritual, de lo metafísico y a veces de lo sobrenatural o de lo mágico, que ofrece una salida o una alternativa a ese desencanto. Y una segunda etapa donde ese plano de lo espiritual y metafísico se va a ir profundizando hasta volverse predominante”.

Según Marengo, “el punto de inflexión se daría entre Esquina del universo, de 2001, que cierra la primera etapa, y Oscuras ramas, de 2003, que abre la segunda”.

“La escritura de Schmidt ofrece formas de comunión bastante originales con tendencias o estéticas que van desde el surrealismo, el romanticismo alemán, la poesía de los 90, el objetivismo, el teatro de guiñol”, dice Elena Anníbali, que además resalta que la filosofía también está “muy presente en esas preguntas lanzadas al abismo, que hermanan, de alguna manera, el discurso poético con el filosófico”.

Leticia Ressia coincide en que en la poesía de Schmidt hay un impulso hacia la trascendencia: “Su poética abarca aspectos cotidianos como la casa, la familia, el trabajo, una metafísica que habita detrás de los objetos, de las personas y de la ciudad que eligió para vivir la mayor parte de su vida. Todos estos aspectos son representaciones, maneras de nombrar y hablar sobre la condición humana arrojada a la intemperie y a su vez, de una fe en algo supremo que él llama Dios”.

Encuentros, desencuentros

El vínculo personal también ha sido muy importante para quienes tuvieron la oportunidad de frecuentar al autor de Serie Americana.

“Con Alejandro he pasado por todas las facetas del afecto”, cuenta Elena Anníbali. “Por momentos me sentí su hija, su discípula, su amiga, me sentí su madre, hasta que, bueno, ya no nos pudimos entender, y ahora, con su muerte, tengo un sentimiento complejo de rabia y dolor, igual que cuando se murió mi viejo”.

“Durante mucho tiempo él y su poesía fueron para mí una unidad en sí misma”, dice Leticia Ressia. “Y creo que ese gesto en su momento, coherente, despertó mi admiración. Alguien que escribe como vive no se encuentra en todos lados, siendo poeta del interior del interior sentía que algo de su poesía me hablaba directamente. Era el que se había quedado ‘oyendo el corazón de las vacas’”.

“Quizá lo que me queda de más valioso -completa Elena Annibali- es haber entendido, a través de él, que no sólo podía escribir desde el lugar más arrasado de la tierra, que el centro no importa, y que nada importa si tenés el destino de escribir… sino también que la poesía te atraviesa o no te atraviesa, y contra eso nada se puede, que antes que un artefacto que nosotros creamos, es un lenguaje que nos usa para hablarse”.

María Teresa Andruetto cree que Alejandro Schmidt “era un ser tremendamente necesitado de amor. Todos lo somos, pero él más, y para llegar a eso a veces rompió todo lo que tenía en su camino. Pero, claro, también lo hizo con las palabras y dejó para nosotros una poesía tremenda”.

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A la sombra de sus libros

Desde Clave menor y Las bienaventuranzas en 1983, Alejandro Schmidt publicó una gran cantidad de libros en diversas editoriales. Una obra tan rica y tan variada tiene, por supuesto, algunos altibajos, que él mismo autor reconocía. Hay que tener en cuenta que para él la poesía no era algo estrictamente literario y que de algún modo estaba más allá de los textos.

Hay cierta coincidencia en que Esquina del universo, En un puño oscuro y Serie americana marcan puntos alto en su poesía. Una mención especial merece Una sombra hecha de perros, su proyecto más ambicioso, que fue publicando parcialmente, y en el que Schmidt despliega toda una serie de materiales: citas, datos científicos, reflexiones, aforismos, alusiones públicas y privadas.

Pablo Dema dice que “Alejandro siempre tocaba el tema del ‘albaceato’, es decir, le preocupaba el destino de ese material y su deseo era que se preservara, que se organizara y difundiera. No le era indiferente la cantidad de libros publicados e inéditos. De hecho los contabilizaba y quería, como la mayoría de los escritores, dejar una obra importante no sólo en calidad sino también en cantidad”. Cuenta que durante su estadía en Río Cuarto en 2018 y 2019 estuvo muy activo y preparó los libros Cerca de nada (2019), El espacio intermedio y Problemas con la vida, estos dos publicados en 2020.

María del Carmen Marengo recomienda El diablo entre las rosas, en el que la tensión entre lo cotidiano y lo espiritual se hace muy evidente, y se logra a través de imágenes poéticas de gran belleza. Carlos Gazzera elige En un puño oscuro, al que define como “un momento muy alto de su poesía”.

Elena Annibali enumera varios títulos que la impactaron: “En lo personal, Patronato me parece un golazo. En un puño oscuro es un libro al que le tengo mucho mucho amor. Como una palabra que pudiste decir. Casa en la arena. Mamá, que creo que es uno de los libros más leídos de Alejandro. Serie americana también es un librazo”.

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