Setencia de adopción

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El 3 de octubre del año pasado, en la tumba de san Francisco en Asís, el Papa Francisco nos regaló su encíclica sobre la fraternidad “Fratelli tutti”. En poco tiempo, su mensaje tocó tantos corazones, incluso no creyentes, y ha despertado la aspiración hacia este valor universal.

Para nosotros cristianos, la fuente de la dignidad humana y de la fraternidad está en el Evangelio (Buena Noticia) de Jesucristo. A partir de entonces, la palabra “hermano” y “hermana” indican una categoría particular de personas. Hermanos entre sí son los discípulos de Jesús, aquellos que se toman en serio sus enseñanzas: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (…) Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,48-50).

El tiempo de Pascua que los cristianos estamos recorriendo nos recuerda la victoria de Jesucristo sobre la muerte y el pecado pero, sobre todo, el inicio de una etapa nueva y decisiva, de una realidad más profunda todavía. Es llamativo que sólo después de su resurrección, por primera vez, Jesús llama a sus discípulos “hermanos”. Le dice a María Magdalena: “Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes’” (Jn 20,17).

En la luminosa mañana de aquel domingo en que Jesús dejó su tumba vacía, Dios Padre firmó la “sentencia de adopción” con cada hombre y mujer de este mundo y Cristo se convirtió en “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29).

Durante la Celebración del Viernes Santo, que presidió el Papa Francisco, el cardenal Raniero Cantalamessa hizo referencia a esta nueva forma de fraternidad: “Los discípulos se vuelven hermanos en un sentido nuevo y muy profundo: comparten no sólo la enseñanza de Jesús, sino también su Espíritu, su vida nueva como resucitado. (…) Después de la Pascua, este es el uso más común del término hermano; indica al hermano de la fe, miembro de la comunidad cristiana. Hermanos “de sangre” también en este caso, ¡pero de la sangre de Cristo!”.

Por eso, es una fraternidad de la cual siempre necesitamos tomar conciencia: siguiendo el ejemplo de Jesús, no se cierra en ideologías o polarizaciones; es abierta a todos y a horizontes siempre nuevos.

* Sacerdote católico. Miembro del Comipaz

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