De la modernización al trabajo decente

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La pandemia como factor de inevitable explosión del teletrabajo, los avances en materia tecnológica, la globalización y los nuevos modos de producción han condicionado la concepción de trabajo tradicional que conocemos.

Una investigación desarrollada por Oxford Economics, en la que se encuestó a 5.400 empleados y ejecutivos y se entrevistó a 29 directivos de 27 países, concluyó que el desafío de gestionar una fuerza laboral cada vez más móvil, diversa e internacional constituye una gran oportunidad para la productividad y el desarrollo de talento de quienes están vinculados con la empresa. Sin embargo, y al igual que muchos países, las organizaciones no están diseñadas para optimizar esta situación.

El futuro del trabajo incluirá a trabajadores freelance, subcontratados a largo plazo y trabajadores temporarios. Y fenómenos como el crowdsourcing (colaboración externa abierta) serán usuales.

Cada vez más las empresas contratan fuera de sus organizaciones la experiencia y el conocimiento que no tienen en su interior, y lo hacen según la necesidad, para afrontar las cambiantes demandas del negocio y de los clientes.

Estas transformaciones responden a la presencia de escenarios más dinámicos y móviles que auspician otras reglas de organización y, por consiguiente, nuevas modalidades de trabajo. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo permanente hoy no representa más del 30% del total del empleo en el mundo, lo que anuncia, de alguna manera, una disposición hacia mercados más autónomos y adaptativos.

Es que los mercados laborales rígidos están perdiendo terreno rápidamente a partir de nuevas formas de trabajo, por lo que se hace imperativo desarrollar nuevos modelos de regulación.

El escenario laboral a nivel global presenta una serie de transformaciones que se ven reflejadas, por un lado, en un alza de nuevas formas de trabajo fuera de la relación de empleo conocida, y por otra parte, en una tendencia cada vez mayor que anuncia el fin de los lugares, tiempos y actividades de trabajo unificadas, auspiciando una apertura hacia carreras multifacéticas y más discontinuas.

En la era de la hiperconectividad, las personas “no van al trabajo”: la tarea va hacia ellos. Factores como horario de actividades, el rol de la autoridad y el trabajo en equipo van mutando hacia estándares más elásticos.

De alguna manera, estos cambios marcan el final de los mercados laborales estáticos y predecibles y una desaparición de las fronteras en dichos mercados, traduciéndose en mayores expectativas personales y condiciones de trabajo diversas.

Por ejemplo, los trabajadores ya no permanecen en una misma compañía en relación de dependencia durante años, sino que, cada vez más, eligen nuevas modalidades de trabajo, como el autoempleo, el trabajo a distancia, el empleo por proyecto y el coworking -espacios de trabajo compartidos por personas en distintos lugares del mundo.

Ahora bien, el nuevo escenario laboral mucho más dinámico, flexible y que requiere mayores niveles de adaptabilidad por parte de los trabajadores, ¿es realmente inclusivo para todas las personas? Dicho de otro modo: ¿pueden todos adaptarse a las nuevas demandas y modalidades de empleo, o una buena parte de las fuerzas laborales quedará a la deriva?

Es claro que se hace preciso actualizar y modernizar la ley laboral a fin de aumentar los niveles de empleo bajo la carátula del trabajo decente, a fin de incluir a todos en una modalidad laboral que vino para quedarse.

* Vicepresidente de Pullmen

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