No hay salvavidas político para la segunda ola

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La segunda ola de Covid-19 amenaza con golpear tanto o más fuerte que la primera vez. El número de casos de las últimas 48 horas asusta. El respiro que representaron los meses de verano se esfumó. Los problemas serán más problemáticos aún.

En pleno tránsito de la enfermedad pese a estar vacunado con el esquema completo de inmunización, el presidente Alberto Fernández inició ayer el proceso de nuevas restricciones. Para las administraciones, llegó el momento de tomar decisiones, todas antipáticas, dirigidas a una ciudadanía agobiada, malhumorada y más pobre. 

El desafío es mayúsculo para los diferentes niveles de gobierno: Nación, provincias y municipios están otra vez en medio del barro. 

La etapa de administrar malas noticias coincide con el arranque de una campaña electoral que tiene en el horizonte comicios para los cuales, por ahora, sólo hay fechas tentativas. Imaginar Argentina en agosto u octubre es un ejercicio de ficción.  

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Que las elecciones deban convivir con la fase áspera de la pandemia es un problema adicional, especialmente para el gobierno nacional. El margen para errar es exiguo. Cualquier paso en falso se pagará en las urnas. Es la gran diferencia política con aquel primer impacto sanitario y económico que atravesó casi todo 2020. Es norma: quien más arriesga es quien administra. Siempre. 

La gestión de Alberto Fernández se aferró, a finales del año pasado, a que el esquema de vacunación atenuara el nivel de la nueva marea. Las promesas superaron a la realidad. El Gobierno se acostumbró a enviar aviones a Rusia, China o la India sin saber cuántas dosis traerían de regreso.  

El  mundo está en tensión por las vacunas. Quedó demostrado que Argentina tiene armas limitadas en esa disputa global en la que la geopolítica y las relaciones bilaterales preexistentes determinan en qué lugar de la fila se paran los países para acceder al nuevo bien escaso.

En tres meses, el país inmunizó al 10 por ciento de la población. Ese porcentaje, todavía exiguo para pensar en volver a algo parecido a la normalidad, fue alcanzado gracias a que la mayoría fue inoculada con una sola dosis. 

Error, desafío y oportunidad

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La administración nacional se salió, finalmente, del corsé al que se ajustó durante largos meses de 2020:  la salud por encima de la economía. Aquella decisión inicial fue letal para comercios e industrias. La contracción de 9,9% que sufrió la economía, el alza de la pobreza y la friolera de más de dos millones de argentinos que buscan pero no encuentran trabajo son consecuencia de aquella hoja de gobierno. 

El daño de haber tenido las aulas cerradas todo el año es incalculable. El Presidente redefinió su visión del tema. Aseveró que las escuelas abiertas son ahora una prioridad. Lo convencieron las múltiples evidencias que desmienten aquello de que las aulas eran una bomba infecciosa. 

Aun con restricciones, el plan ahora asoma distinto. Lo que nadie puede garantizar es el resultado.

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Fernández dijo ayer que no se puede hacer política con la pandemia. La frase estuvo dirigida a Juntos por el Cambio. Un día antes, los opositores rechazaron cualquier tipo de restricciones. Lo hicieron pese a que gobernadores radicales, integrantes de la alianza opositora, ya habían tomado medidas parecidas en sus distritos. El virus de la incoherencia también afecta a los no oficialistas.

La oposición está en campaña, al igual que el oficialismo. Considerar que por el hecho de no estar al mando del timón está eximida de responsabilidades es un error. Es legítima y razonable la crítica. Podría hacer el esfuerzo, sin embargo, de proponer  caminos alternativos a los que se adoptan. Claro, no olvidando que enfrente hay una nueva expansión de la pandemia. Negar la realidad es una receta que Brasil paga con miles de muertes diarias. 

Para el gobernador Juan Schiaretti, la segunda ola también representa un serio riesgo. Administrar malhumor social es una materia para la que los políticos no suelen prepararse.

La primera reacción de Schiaretti, ayer, fue guardarse margen de acción para más adelante. La situación sanitaria es considerada preocupante, pero no crítica. La idea en el Panal es dosificar los torniquetes. 

El acople a las medidas nacionales es parcial. La circulación vehicular será normal, sin restricciones por el momento. Y el cierre de los locales nocturnos quedó fijado para la hora 0, una hora después de lo establecido por el decreto presidencial que se conocerá en las próximas horas.

Aunque todo es transitorio, hay experiencia acumulada de lo hecho bien y de lo hecho mal. Volvió el día a día. Que no vuelva el “vamos viendo”.

SÍNTESIS POLÍTICA

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