Mujeres de pueblos originarios: La vida al otro lado del monte

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Un grupo de mujeres embarazadas de la comunidad wichi se refugia en el monte profundo de la zona de El Potrillo, a 700 kilómetros de Formosa Capital, sin agua potable y sin casa. El motivo es la amenaza de que la Policía venga a buscarlas y las traslade a parir violentamente a un centro de aislamiento, donde se les practica una cesárea y se las obliga a permanecer 14 días aisladas sin contacto con sus hijos recién nacidos, según denuncian.

La situación fue reproducida por todos los medios, al igual que la de los niños wichis que murieron en Salta por desnutrición en febrero de 2020 y que prendió las alarmas –siempre temporales– sobre la falta de obras de agua potable en la zona.

Al estigma social impuesto sobre los pueblos originarios, su reducción territorial y cultural a lo largo de los siglos, se le suma el estigma de género. Ser mujer de una comunidad wichi parece condenarte, del otro lado del monte, a seguir sumando aberraciones.

La violencia obstétrica, la privación ilegítima de la libertad, la separación de sus hijos llevó a que unas 100 mujeres embarazadas decidieran refugiarse en la crudeza de la naturaleza antes que exponerse a la violencia estatal y a la violación de derechos humanos que nadie parece estar dispuesto a frenar.

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Pero hay movimientos de mujeres dispuestos a no olvidar. El año pasado el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir realizó una fuerte campaña para poner fin a la práctica del “chineo” que es concebida como un ritual cultural de iniciación sexual pero que se trata del delito de violación por parte de criollos a niñas aborígenes de 8, 9, 10 años.

A finales de 2020 un grupo de organizaciones, entre ellas Católicas por el Derecho a Decidir Argentina, Radio Comunitaria La Voz Indígena de Tartagal y la Organización de Mujeres Indígenas Aretede realizó una cartilla escrita y sonora en lenguas wichi, guaraní, chorote y mapuche sobre derechos sexuales y reproductivos. “Cuerpos y libertades. Voces de mujeres indígenas” es el título de la iniciativa en la que se abordan temas como el acceso a la salud, la violencia sexual, el acceso a los derechos sexuales.

En sus comunidades, estas mujeres se encargan del sostenimiento de la vida: tienen conocimientos sobre los beneficios medicinales de los yuyos, cuidan de los niños, de los animales. Transmiten cultura. Según un informe de la Agencia de Noticias Anred sobre la comunidad wichi, las mujeres utilizan la planta de chaguar para sus tejidos, que realizan durante la noche. Esos saberes ancestrales están arraigados a un idioma y a una tradición oral de la comunidad. ¿Cuántos de ellos podrían incorporarse al mundo “del otro lado del monte” si sólo cambiáramos la mirada?

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 5/04/2021 en nuestra edición impresa.

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