Criptomonedas: la estafa mundial que une a Córdoba con Bulgaria

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El álbum criminal mundial tiene un capítulo reservado para Ruja Ignatova. Sofía, la ciudad búlgara célebre por la mixtura de mezquitas, sinagogas e iglesias y que aún muestra los resabios del comunismo, hace 41 años fue escenario del nacimiento de esta mujer que en 2016, en medio del mítico estadio londinense de Wembley, se autoproclamó como “la asesina del bitcoin”.

En sólo 18 meses, Ruja Ignatova diagramó lo que The Times terminó por describir como “una de las estafas más grandes de la historia”: onecoin.

Prófuga. Ruja Ignatova, la líder. (Archivo)

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Escrito aquí puede sonar hasta burda la maniobra, pero lo real es que sólo entre 2014 y 2016, la estafa fue sideral: alrededor de 4.000 millones de dólares, damnificados en 175 países del mundo y una rueda fraudulenta que desde entonces no deja de girar por el planeta.

Ruja Ignatova vendió ilusiones: prometía una criptomoneda que, una vez aprobada, iba a generar ganancias múltiples para aquellos que se fueran animando a invertir en ella.

Se trata de “dinero digital”, que opera por fuera de los bancos y puede ir mejorando su cotización a medida que su uso se extiende. ¿Cuál es el negocio? Comprarla a un precio supuestamente bajo para luego maximizar sus ganancias cuando su precio trepe al ser utilizada de manera masiva.

El bitcoin, que tiene un uso extendido más legal, es acaso el fenómeno más conocido de estas billeteras virtuales, pero no el único. En medio de estas criptomonedas ya reglamentadas se fueron colando otras falsas. Onecoin fue (y es), acaso, la más grotesca de todas las simulaciones.

Para hacer más efectivo el método, su expansión se camufló bajo un sistema que Ruja Ignatova bautizó como OneLife. Se trataba de una vuelta de tuerca más al viejo truco del sistema “piramidal”: cada inversor, además de poner su dinero propio en la compra de estas supuestas criptomonedas, debía buscar dos o más inversores, que harían lo mismo que él. Por cada nuevo “cliente”, el inversor iba recibiendo distintos beneficios.

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Para que todos estuvieran contentos y compenetrados en la idea, a cada inversor se le daban una cuenta y una clave para que pudieran ir viendo cuántas onecoins iban acumulando.

En aquellos primeros 18 meses, la estafa piramidal se extendió como una mancha mundial. De Europa a China, países ricos y de los pobres también. Ilusionados por todos lados que fueron entregando voluminosas sumas de dinero. Cuando la primera alerta se activó en Italia, en 2017, Ruja Ignatova ya sólo era una referencia a través de un video de aquel acto público en Wembley. Nunca más se supo nada de ella.

Detenido. Konstantin Ignatov. (Archivo)

Su hermano, Konstantin Ignatov, no corrió la misma suerte. Mientras Ruja se hacía humo, él quedaba como la cara más visible de OneLife y las denuncias en todo el mundo comenzaban a escalar en la misma proporción que el escándalo internacional.

En marzo de 2019, fue detenido en Estados Unidos y desde entonces se enfrenta a una acusación que puede llevarlo a una sentencia de 90 años de prisión. Según las últimas noticias que se conocieron sobre él, el año pasado pidió un acuerdo judicial para reducir la probable condena y hasta aceptó declarar en contra de su hermana prófuga.

O sea, admitió la trampa de las onecoins. Confesión que no le puso freno a esta maniobra en escala global.

A miles de kilómetros

Mientras tanto, también a fines de 2020, a 12 mil kilómetros de Sofía se comenzó a revelar otra trama más alrededor de las onecoins. Diez personas fueron detenidas en la ciudad de Córdoba acusadas de haber montado una organización que bajo la misma modalidad habría ejecutado una maniobra millonaria en Argentina.

En las últimas horas, el fiscal de Delitos Complejos Enrique Gavier fijó las prisiones preventivas contra los detenidos y profundizó la acusación original.

El fiscal indicó que los imputados Eduardo Alejandro Taylor, Edgar Nicolás Moreno, Mónica Gabriela Blasco, Mariana Noel López, Manuel Vicente Peralta Guevara, Andrés Matías López, Ricardo Beretta, Adolfo Gustavo Amuchástegui, Ariel Eduardo Morassut, Daniel Cornaglia, José Gordo y otras personas aún no identificadas “se confabularon para tomar parte en el plan fraudulento de alcance internacional liderado por Ruja Ignatova y Konstatine Ignatov Plamenov”.

En ese sentido, describió que los acusados habrían buscado insertar en el mercado local argentino, desde la ciudad de Córdoba y hacia diferentes jurisdicciones del país, una criptomoneda fraudulenta, la onecoin, “a través de una red de marketing multinivel, por la cual quienes se sumaran como miembros de la empresa recibirían comisiones por reclutar a nuevos miembros, accediendo a la adquisición de ‘paquetes educativos de criptomonedas’, la obtención de dicha moneda a futuro, la cual habría de adquirir reconocimiento público en 2019”, oficialización que finalmente nunca se concretó.

Gordo (en España) y los hermanos búlgaros son considerados prófugos en la causa cordobesa. El resto permanece detenido desde diciembre por el presunto delito de asociación ilícita.

De acuerdo a la investigación, Blasco, López y Beretta se habrían encargado “de manipular las redes sociales y dialogar con las víctimas para inducirlos en error”; López desarrolló una especie de comercio electrónico “para darle apariencia de licitud a la inversión”; Amuchástegui, Taylor y Peralta “simularon ser los líderes del proyecto publicitando y exponiendo sobre el mismo”; Morassut “invirtió en la publicidad para la propagación del ardid y también dialogó con las víctimas induciéndolas en error”; Cornaglia “asesoró legalmente a la asociación y confeccionó contratos para darle seriedad al ilícito y fraudulento proyecto”, y Moreno “publicitó la asociación ilegal”.

La mayoría de los acusados es representada por el abogado Joaquín Nores, mientras que Taylor es defendido por el penalista Justiniano Martínez. Casi todos negaron la acusación y evitaron declarar ante el fiscal, a excepción de Amuchástigui, quien brindó un extenso testimonio defensivo y entre varios conceptos indicó: “La compañía no vende criptomonedas, esto quiero remarcarlo; la compañía vende paquetes de educación financiera”.

Patear un hormiguero

La causa comenzó a investigarse en Córdoba a mediados del año pasado, luego de que un “inversor” asegurara que había sido estafado en 70 mil dólares. El 30 de junio pasado, los abogados Pedro Despouy Santoro y Eduardo Capdevila, que lo patrocinan, presentaron la denuncia en la mesa de entradas de Tribunales 2.

Hoy, la investigación da por confirmado ese caso, que terminó por convertirse en el puntapié: desde entonces, se fueron acumulando denuncias que llegan desde diferentes puntos del país. Se presume, hasta ahora, que el monto del dinero involucrado podría superar los dos millones y medio de dólares.

En ese sentido, las fuentes aseguran que se detectó que la organización tenía una cuenta corriente en una sucursal bancaria, la que fue cancelada y girada a otra entidad, para luego moverla hacia un agente de bolsa que habría pesificado las presuntas ganancias con el objetivo de ir extrayendo el dinero por partes.

Estos movimientos, sumado a que varias de las supuestas víctimas aún creen que el onecoin se hará realidad –“lo que demuestra que hay personas aún no identificadas que siguen influenciando”– llevaron al fiscal a ordenar las prisiones preventivas ante la sospecha de que los involucrados puedan llegar a perturbar el avance de la investigación.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 4/04/2021 en nuestra edición impresa.

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