Los cuatro de París

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“En París actué en cuatro de sus principales teatros”, recuerda Jairo. “El Olympia impone mucho respeto, se siente el peso de su tradición. Hice 22 noches allí en 1977. Bruno Coquatrix, su dueño, tenía una costumbre. Se quedaba a un costado del escenario, y cuando el artista iba a salir le daba un empujón tan fuerte para impulsarlo al centro de la escena, que te hacía trastabillar. A mí me lo hizo en la première, y algunas otras noches. Formaba parte del rito. El público sabía eso y lo festejaba. Y hay una anécdota hermosa: Yves Montand , en el primer recital que dio después de la muerte de Coquatrix, entró trastabillando a propósito, como si lo hubiese empujado. Fue muy emotivo, lo ovacionaron. Después, mis actuaciones en el teatro Bobino, fueron inolvidables porque ocurrieron durante la guerra de Malvinas. Allí hacíamos, con otros argentinos como Juan José Mosalini, un espectáculo de folklore y tango: nuestra forma de portar la bandera. El Olympia y el Bobino son rivales históricos: en el Olympia cantaban Aznavour, Bécaud, Brel, y en el Bobino Brassens, Moustaki. También estuve en el Bataclan, el mismo que sufrió ese horrible atentado en 2015. Allí me di el gusto de cantar con Osvaldo Pugliese: se levantaban las butacas y el Bataclan se transformaba en un cabaret. Y finalmente en el Casino de París, el de Maurice Chevalier, el de Mistinguett.”

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