El objetivo principal de las vacunas

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La conmoción mediática surgida en torno de las vacunas, de los privilegios y sus prioridades parece eclipsar nociones necesarias para comprender este momento sociosanitario.

Una noción define el principal objetivo del plan de vacunación: la erradicación del virus de la comunidad.

Logros intermedios como la reducción del número de muertes, de internaciones, de infecciones moderadas y de contagiantes son de corto plazo en tanto no se alcance la total eliminación.

Esto lleva a una primera certeza: para superar la pandemia, todos debemos ser vacunados.

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La segunda noción surge de una frase atribuida al poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht: “Nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”.

Utilizada ante situaciones que violentan la equidad ciudadana, esta cita impacta por la simpleza con la que expone un egoísmo obsceno.

Los (hasta hace pocos días) furtivos entramados de aplicación de vacunas a amigos, a parientes y a socios de altos funcionarios públicos mostraron no sólo la fragilidad institucional para controlar su gestión, sino la naturalidad de las prerrogativas.

Así surge la segunda certeza: “Adelantarse en cualquier fila” es un delito moral, aun cuando no figure en códigos jurídicos.

¿Cómo vincular estas dos certezas para seguir confiando en una salida favorable a la actual catástrofe sanitaria?

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Hay experiencia al respecto. Documentos prueban que, durante reiterados brotes de viruela en Argentina en la década de 1950, numerosas familias de grupos sociales más beneficiados recibieron antes la vacuna. Algo similar ocurrió una década después, ante la poliomielitis infantil.

Con otras enfermedades como paperas (parotiditis), rubéola, sarampión, difteria, tétanos y hepatitis virales, no hay pruebas sobre “adelantamientos en la fila”, quizá porque el calendario infantil actual es accesible sin prerrogativas. Y además porque sólo afecta a niños, quienes por lo general no adoptan posturas fascistas ni se reconocen como burgueses. Sí asustados, pero sólo por el pinchazo.

Vale aquí intercalar una pregunta. ¿Por qué estas enfermedades siguen vigentes a pesar de disponer de vacunas seguras, obligatorias y gratuitas? El motivo principal es la acción de movimientos antivacunas, quienes a través de su intransigente postura ocultan la insospechada virtud de no querer ser incluidos en la definición de Brecht.

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Lo cierto es que, en momentos de extrema sensibilidad social en los que las palabras más nombradas son “muerte” y “terapia intensiva”, es urgente reiterar el principal objetivo de una campaña de vacunación: la erradicación del agente. Y, para ello, el orden de prioridades es imperativo.

Primero deben recibirlas todos aquellos que demuestran mayor riesgo de enfermarse severamente o de morir por Covid 19; luego, el resto.

En este panorama, proponer o aceptar “adelantarse en la fila” sólo genera más desánimo ciudadano y mayor repulsa hacia los dirigentes.

Si sobraran dosis, tal vez esta grosera burla pasaría inadvertida, pero por el momento las vacunas son un bien escaso.

En un futuro no lejano, cuando el proceso de erradicación de Sars Cov-2 avance y vislumbremos un mejor panorama sanitario, será el momento de volver a conversar con los grupos antivacunas a fin de que reconsideren ser parte del todo.

Mientras tanto, la pavorosa pandemia sigue sorprendiendo con revelaciones agobiantes, como descubrir a ciertas personas tan asustadas que se comportan como fascistas, y otras con capacidad de impedir que el Covid-19 sea erradicado.

Posdata: ninguna de las explicaciones arteras de los burgueses asustados valen lo que la sonrisa de un abuelo al salir del Centro de Convenciones con el brazo pinchado y el alma en paz.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 28/02/2021 en nuestra edición impresa.

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