El arte de Miguel Ocampo, de Córdoba a todo el país

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“Mi obra está llena de marchas y contramarchas, dudas, certezas, euforias, sospechas y, como diría Bioy Casares, con la triste sabiduría de conocer los límites. Por suerte”, escribió. “En los tiempos de mis inicios, constituíamos con los compañeros de generación, la nueva pintura, las nuevas tendencias, las formas emergentes, todos eufemismos para decir que éramos pintores que iniciaban su actividad pública; nos arrasó el informalismo, la action-painting, el op- art, el hard -edge, el pop-art, la bad-painting y hasta la muerte de la pintura. Reconozco que me han sido útiles, constituyen una visión renovada y un cuestionar permanente. Toda una definición de principios cuando celebró sus 80 años en el Centro Cultural Recoleta en su exposición de 2002.

Ocampo incursionó en rigurosas geometrías iniciales sin someterse al concepto de frialdad con el que se lo caracterizaba en ese entonces. Confiesa el artista: ”en 1950/51 se acentúa el tránsito hacia la geometría, resultado del coletazo de mi primera estada en Europa, ver a Piero della Francesca, la alegría mágica de Klee, la sutileza de Braque, el color de Bonnard”. Más adelante pasó por el puntillismo y en sus obras neoyorkinas se insinúa el erotismo de la línea curva como en el caso de “El beso” (1975) y su serie “Rememorando a Ingres”.

Instalado en el paisaje de La Cumbre, tuvo el propósito de transmitir la percepción desde su interior. Nada mejor que las palabras de un poeta como Rodolfo Alonso: “Cuando Miguel Ocampo pinta un árbol, él no se queda fuera. Convive con el árbol, con la materia en su pintura, esos vientos contrarios, esas líneas que son hierbas, esos troncos que se expresan.” Poetas, pintores, escritores y críticos se refirieron a su obra, entre ellos Damián Bayón, Angel Bonomini, Manuel Mujica Láinez, Samuel Oliver, Rafael Squirru, Alberto Girri, el ya mencionado Rodolfo Alonso, Silvia de Ambrosini, Dore Ashton y Alfredo Hlito quien le “agradece el paisaje y por haber entrevisto una vida posible” así como Remo Bianchedi escribió “su pintura es más que la verdad de lo visible, la verdad de ver un atardecer extendido sobre la tela”.

La sede del museo está en José Hernández 630, La Cumbre, Córdoba y está abierto al público hasta Semana Santa inclusive, de 11 a 13.30 y de 18 a 20.30.

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