Obras ausentes y vecinos tapando baches

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Los vecinos de la ciudad de Córdoba pagan tasas municipales para nada económicas. Por ello, y como contraprestación, la autoridad de gestión toma el compromiso de responder con una determinada minuta de obras y servicios. Es decir, una suerte de derechos y obligaciones.

Sin embargo, no está contemplado en ningún acuerdo de partes que los mismos vecinos tengan que cargar con una pala y salir a tapar los baches que proliferan con frecuencia en calles y avenidas, sobre todo en zonas barriales.

Algo semejante encajaría en el terreno de lo absurdo. Pero sucede en la Córdoba turística y orgullosa de considerarse la segunda ciudad del país. En líneas generales, se trata de una falencia en materia de infraestructura vial que arrastra décadas y se enmarca en la histórica parsimonia de la Municipalidad para resolver los problemas de la gente.

La administración del intendente Martín Llaryora viene anunciando ambiciosos planes de bacheo en toda la ciudad. Por ahora, los anuncios no se reflejan en la realidad y seguramente demandará un tiempo resolver las falencias de modo definitivo. Los pozos abundan y en muchos casos alcanzan dimensiones considerables, agravadas por las fuertes lluvias de los últimos días.

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El informe que publicamos el pasado martes es elocuente sobre la tarea que se han cargado al hombro muchos frentistas para tapar o señalizar baches en las calles asfaltadas. Queda claro que no se trata de una solución al problema. Rellenan los pozos con escombros o los “marcan” con neumáticos para poner en aviso a los automovilistas sobre posibles accidentes. Sin contar las serias y costosas averías en el tren delantero de los vehículos, que quedan como saldo cuando se atraviesa uno de esos huecos.

La falta de respuesta oficial queda aun más al descubierto cuando algunos ciudadanos afirman que se ven forzados a poner manos a la obra tras reiteradas e infructuosas llamadas a las dependencias correspondientes del municipio.

No podía estar ausente en este entramado de desatenciones Villa El Libertador, el populoso barrio ubicado al sur de la ciudad, degradado no sólo por las calles rotas, sino también por antiguas falencias irresueltas, como el caso de los líquidos cloacales, que a menudo dejan una postal ultrajante para la buena convivencia y para la salubridad de las personas.

La nota periodística atestigua el caso de una mujer jubilada abocada a la voluntaria y fatigosa tarea de rellenar un pozo de enormes dimensiones (en la jerga popular se lo denomina “cráter”) en una esquina del referido barrio. ”Es un desastre”, dice. Qué otra cosa se puede esperar que diga una persona adulta compelida a una tarea que no le es propia.

Así se van expandiendo las quejas de contribuyentes en distintos barrios, algunos a pocas cuadras del Centro y otros ubicados en la periferia de la ciudad, donde al parecer las máquinas y el asfalto todavía no llegan. En resumen, si los vecinos que pagan sus impuestos tienen que suplir las demoras en el plan de obras del municipio, estamos al límite del absurdo.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 21/02/2021 en nuestra edición impresa.

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