La inmunidad en el centro del debate político

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Alberto Fernández, Juan Schiaretti –que ya manifestó su intención de adquirir vacunas contra el coronavirus de modo directo cuando eso sea posible– y cada uno de los dirigentes con responsabilidades ejecutivas reiteran que el año político depende de que la vacuna frene la pandemia más que de ninguna otra cosa. No sólo el discutido calendario electoral, sino el resultado de las elecciones. No sólo la producción en su conjunto y la educación en todos sus niveles, sino cualquier aspiración de normalidad social y personal: el ánimo total del electorado.

Si la búsqueda de inmunidad es la acción permanente de buena parte de la clase política argentina, la inmunización es la nueva obsesión de la clase gobernante: acceder a la vacuna hoy es el primer desvelo de millones de argentinos. Esta es la razón principal por la que el Presidente echó de modo inapelable a Ginés González García tras el testimonio demoledor de Horacio Verbitsky respecto de cómo logró vacunarse antes de que le correspondiera en el mismísimo edificio del Ministerio de Salud y tras hablar con su amigo Ginés.

Las motivaciones del alegre relato de Verbitsky ya se encuentran entre los grandes enigmas de la política nacional: una hipótesis es que colaboró con la decisión vicepresidencial de desplazar a González García; la otra, que sólo trató de salvar la ropa, cuando su visita al vacunatorio VIP ya era conocida en la redacción de Clarín.

Las consecuencias de ese testimonio, no obstante, fueron inmediatas en todos los ministerios de Salud del país: que Alberto Fernández haya actuado con esa contundencia es una señal de peso frente a la multitud de denuncias que desde el viernes se reiteran en todo el mapa por casos de acomodo en el acceso a la vacuna.

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El fiscal federal Guillermo Marijuan, que actuó de oficio contra González García y Verbitsky, ya solicitó que cada jurisdicción brindara un informe sobre quiénes fueron inoculados contra el coronavirus como “personal de salud”, a los efectos de saber si fue sistemática la violación del orden de prioridades que estableció la resolución 2883 del Ministerio de Salud de la Nación y que rige en las provincias.

En Córdoba, el legislador provincial radical Marcelo Cossar, en absoluta soledad, viene pidiendo que esa información fuera pública desde hace casi dos meses. La Unicameral archivó los proyectos en ese sentido y ningún sector de la oposición acompañó esa inquietud, que comienza a ser la de todos los cordobeses que rebotan en la página web donde intentan inscribirse, o en el mejor de los casos quedan registrados pero sin turnos para la vacunación.

Con la llegada de 44 mil dosis de Covishield (AstraZeneca–Oxford, provenientes de India) y el inicio de la vacunación para mayores de 70, la inquietud se multiplicó. Hasta ahora en la provincia de Córdoba fueron vacunadas unas 41.600 personas y los que ya recibieron las dos dosis de la Sputnik V son la mitad. Si se pone la lupa en los equipos de salud, los inmunizados representan algo más de un tercio del total.

Cossar sostiene que se cuentan por decenas los funcionarios, legisladores e intendentes –asegura que también hay choferes– que ya accedieron a la vacuna pese a no ser parte de equipos de Salud ni a ser docentes en actividad de más de 60 años. El escándalo del vacunatorio VIP de la Nación que produjo la mayor crisis del gobierno de Alberto Fernández incluía hasta ayer a menos de 10 beneficiados probados.

El oficialismo cordobés tiene por norma ignorar los planteos opositores en la Legislatura, y la tercera administración de Schiaretti se caracteriza por el silencio, pero cuando aparecen nombres propios surgen las explicaciones: hasta el momento, hubo argumentos oficiales para los casos que trascendieron como conflictivos, que fueron siete. Los juicios morales están a años luz de la unanimidad.

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Es la inmunidad –en su acepción sanitaria o en el sentido de poder incumplir sin consecuencias las normas que tienen que respetar los demás– lo que domina la escena política. En Córdoba, el resto es indefinición: el peronismo de Schiaretti y Alejandra Vigo parece alejarse cada vez más de la posibilidad de acordar una lista conjunta con el kirchnerismo, sin que se haya dicho la última palabra, ni la primera. El radicalismo arde por la votación interna que ocurrirá en tres semanas, mientras el nombre de Gustavo Santos aparece cada vez en un mayor número de hipótesis políticas y son elocuentes las señales que llegan desde el macrismo y del larretismo en su favor.

La indefinición total en el segundo distrito del país, además, es un imán para dirigentes nacionales.

La semana pasada fueron Enrique Avogadro, el ministro de Cultura de Horacio Rodríguez Larreta, y Victoria Tolosa Paz, la influyente titular del Consejo Federal de Políticas Sociales de Alberto Fernández. Se empieza a diseñar el desembarco presidencial en Río Cuarto, y como antesala el municipio de esa capital alterna provincial y nacional recibió un ATN de 63 millones de pesos. Todo se volvió anecdótico desde el viernes, cuando la vacuna se instaló en el centro mismo de la política nacional.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 21/02/2021 en nuestra edición impresa.

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