El complicado regreso a la vida civil de los exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz

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La reincorporación a la vida civil de los exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz se transformó en un objetivo prácticamente impracticable

La reincorporación a la vida civil de los exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz se transformó en un objetivo prácticamente impracticable

La reincorporación a la vida civil de los exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz se transformó en un objetivo prácticamente impracticable entre muchos de quienes debieron abandonar sus espacios territoriales, acosados por la violencia, los crímenes en su entorno, la imposibilidad de reinsertarse laboralmente y el incumplimiento de las promesas estatales.

Marylén Serna, del Congreso de los Pueblos de Colombia, un colectivo defensor de los derechos humanos, contó a Télam que tras la firma en 2016 de los acuerdos de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el Gobierno de Juan Manuel Santos unos 13.000 combatientes guerrilleros dejaron las armas y se acogieron a un proceso de reinserción a la vida civil. Pero este objetivo no ha sido fácil.

«Muchos de los excombatientes en principio se ubicaron en sus espacios territoriales donde desarrollaban sus proyectos productivos, pero con el tiempo empezaron a darse cuenta de que eran lugares muy peligrosos, pues al lado de ellos o cerca de ellos habían personas vigiladas perseguidas y muchos de ellos asesinados», relató Serna.

«Muchos de ellos optaron por irse de sus espacios para salvarse y eligieron otros lugares, pero realmente no han podido instaurar esos espacios como espacios colectivos o como territorios de paz, por la inseguridad y por la incapacidad del Estado para protegerlos y también cumplirles con sus programas educativos, de salud, de vivienda», continuó y explicó que algunos, ante la indefensión o la presión, terminaron incursionando en otros grupos armados, como las disidencias de las FARC hoy activas.

La ONU señaló "una escasa presencia estatal" en las zonas más golpeadas por la violencia

La ONU señaló «una escasa presencia estatal» en las zonas más golpeadas por la violencia

Lejos de simplificarse el conflicto con la desmovilización de las FARC, la situación parece haberse complejizado aún más en estos territorios. A las guerrilleros, paramilitares y fuerzas estatales, se le sumaron un número importante de nuevos grupos armados.

«Sigue existiendo la insurgencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) pero han surgido también las disidencias de las FARC, que son grupos que no reconocen el acuerdo de paz y han mantenido la presencia armada en buena parte del territorio nacional», destacó.

Además, surgieron también otros grupos «que no precisamente tienen un objetivo político, sino el objetivo del control económico de los territorios, entonces hay una mezcla de estos grupos, que son grupos fuertes que han venido controlando los cultivos de coca, de marihuana y amapola, que controlan la minería ilegal», continuó.

«También encontramos grupos de delincuencia que está muy estructurados con armas comunicaciones vehículos contactos y gente de las comunidades también gente fueron los territorios con armas y manejo de mucho dinero», agregó.

Esta nueva y compleja configuración de grupos armados en disputa de territorios no solo garantiza la confrontación permanente, sino que desnudó lo que la ONU llamó «una escasa presencia estatal» en las zonas más golpeadas por la violencia.

Como denunció una y otra vez la ONU, el Estado no ha avanzado para convertirse en el actor central de control de estos territorios, en donde las organizaciones locales que quieren defender sus tierras, garantizar una economía propia y concretar una verdadera desmovilización de los exguerrilleros, deben enfrentar casi sin garantías públicas a este amplio espectro de grupos armados.

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