Nueva condena y rechazo a una apelación de Navalny, quien seguirá detenido

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Navalny podría cumplir su condena en un campo de trabajo

Navalny podría cumplir su condena en un campo de trabajo

Un tribunal ruso condenó al líder opositor Alexey Navalny por «difamación» contra un veterano de la Segunda Guerra Mundial, una sentencia que se añade al rechazo a su puesta en libertad que otra corte había dictado horas antes.

La Fiscalía exigió en este caso 950.000 rublos de multa (unos 10.600 euros, 12.800 dólares) y reclamó que una pena condicional del opositor se convirtiera en prisión firme.

El opositor, de 44 años, fue acusado de haber difundido informaciones «falsas» e «injuriosas» sobre un veterano de guerra que había defendido en un video de campaña un referéndum que reforzó los poderes del presidente Vladimir Putin.

Navalny había calificado, en una red social, a los participantes en ese video de «vergüenza de la nación» y de «traidores».

Horas antes, un tribunal de apelación ruso rechazó un recurso del líder opositor contra su condena a prisión, pese a que la máxima corte europea de derechos humanos exige la liberación del principal crítico del Kremlin.

«Nuestro país se apoya en la injusticia», dijo Navalny tras escuchar la sentencia, antes de citar la Biblia: «Bienaventurados aquellos que tienen hambre y sed de justicia porque se verán saciados»

El juez del tribunal de Moscú disminuyó, no obstante, en un mes y medio la condena del activista anticorrupción, quien finalmente deberá pasar en la cárcel dos años y medio por no haber cumplido con un control judicial.

Navalny, quien podría cumplir su condena en un campo de trabajo, fue encarcelado el mes pasado cuando regresó a su país después de pasar meses de convalecencia en Alemania tras sufrir un envenenamiento que casi le cuesta la vida y del que acusa al Kremlin, que sistemáticamente lo niega.

En ese momento, la Justicia transformó una sentencia por fraude que data de 2014 y que podía cumplir en libertad, en una condena con cumplimiento de la pena en prisión, debido a que el activista violó el control judicial durante su convalecencia en Alemania.

Esta es la primera pena de cárcel de larga duración confirmada contra el activista tras una apelación en la decena de asuntos judiciales que tiene pendientes en su país.

Presente en la audiencia, Navalny, con gesto sonriente, rechazó la condena y aseguró que su intención, al ir a Alemania, no era librarse de las autoridades rusas, a las cuales advirtió de su retorno a Rusia.

«Compré un billete y dije a todo el mundo que regresaba a casa. Esto es absurdo», dijo al juez el líder opositor.

El fiscal le respondió que había quebrantado la ley «abiertamente» y que se comportaba como si estuviera por encima de las normas, informó la agencia de noticias AFP.

«Nuestro país se apoya en la injusticia», dijo Navalny tras escuchar la sentencia, antes de citar la Biblia: «Bienaventurados aquellos que tienen hambre y sed de justicia porque se verán saciados».

Reclamo desde Europa y denuncias

Las dos audiencias contra Navalny tienen lugar después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) reclamara esta semana su liberación, alegando que existe un riesgo para su vida.

Moscú refutó el pedido de la TEDH como ya hizo con los llamados en este sentido de la Unión Europea (UE), pese a la amenaza de nuevas sanciones.

Navalny, cuya encarcelación en enero provocó tres jornadas de manifestaciones reprimidas por la policía, denuncia que estos trámites judiciales son un montaje.

Según él, el Kremlin quiere meterlo en la cárcel para silenciarlo tras fracasar en su intento de asesinarlo por envenenamiento. Moscú refuta estas acusaciones.

Navalny es objeto también de otros juicios. Por ejemplo, la justicia lo investiga por estafa y si es declarado culpable, podría pasar 10 años de cárcel.

La UE y Estados Unidos han multiplicado los llamados para su liberación, mientras que los colaboradores del opositor exhortaron a Occidente a que imponga sanciones a los altos responsables rusos y allegados al presidente Putin.

Moscú ve en ello una «injerencia» en sus asuntos y amenazó a los europeos con represalias.

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