Medidas económicas inconducentes

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El Gobierno nacional denunció a varias grandes empresas del rubro alimentos. Las acusa de “retención en sus volúmenes de producción o falta de entrega de determinados productos de consumo masivo para su comercialización”. Es decir, de desabastecimiento.

La denuncia judicial llega, según se afirmó, luego de que las compañías incumplieron una intimación previa que las conminaba a “incrementar su producción hasta el más alto grado de su capacidad instalada y arbitrar los medios a su alcance para asegurar su transporte y distribución con el fin de satisfacer la demanda”.

Para demostrarlo, el Gobierno sostuvo que en las góndolas faltan productos de estas empresas, por lo que procedió a realizar inspecciones en las distribuidoras para analizar el stock del último trimestre.

Las firmas tienen ahora cinco días hábiles para documentar ante la autoridad competente que restablecieron el stock que tenían a noviembre del año pasado, así como el esquema de distribución implementado para suplir los faltantes de inmediato.

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Si no fuéramos argentinos, nos resultaría difícil de creer que, en pleno siglo 21, exista un país en el mundo cuya administración central se juegue su suerte para contener la inflación con semejante medida.

Porque ese es el objetivo. La inflación de enero volvió a marcar un cuatro por ciento, lo que torna casi imposible la hipótesis oficial de un 29 por ciento de inflación anual. A este ritmo, podríamos llegar al doble.

Para reforzar el plan gubernamental, militantes sociales controlan el cumplimiento de los precios máximos en supermercados, y un ministro propuso que los productores les vendan directamente a los consumidores.

Nada nuevo bajo el sol. Desde el principio de su historia, el peronismo ha creído que puede derrotar nuestra inflación crónica, que comenzó en la primera gestión de Juan Domingo Perón, controlando los precios de los alimentos y otras variables de la economía y castigando a los comerciantes y empresarios. En un famoso discurso de abril de 1953, Perón les declaró la guerra a los almaceneros: haría cumplir su lista de precios aunque tuviera que colgarlos a todos. Pasaron casi 70 años y seguimos intentando solucionar el problema con la misma fallida herramienta.

En más de una ocasión, el presidente Alberto Fernández señaló que es hora de reconfigurar el capitalismo para hacerlo más noble y ponerlo al servicio del desarrollo de la sociedad. Alguno de sus colaboradores debiera explicarle que por esta vía tampoco va a alcanzar ese objetivo.

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Si a nivel personal quien gana menos gasta menos, a nivel empresarial cuando una empresa ve caer su margen de ganancia en medio de un esquema político-económico intervencionista, reduce su producción.

Por eso el Gobierno tiene que simular que puede doblar su apuesta. Ahora no sólo controlará los precios, sino también los niveles de producción. ¿Qué hará luego? ¿Expropiar a la empresa que no cumpla la cuota que le impongan?

En otras palabras, anunciar medidas inconducentes es una manera indirecta de declararse impotente.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 20/02/2021 en nuestra edición impresa.

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