Reinvención en catalán: son cordobeses, se fueron a Barcelona y crearon una empresa global

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Barb Bruno asegura que siempre relata la misma anécdota, porque le quedó muy marcada. En 2008, cuando su marido Gerard Lazcano volvió a buscarla a Córdoba, tras haber conseguido trabajo en Barcelona, hizo un encargo online de mercadería en Carrefour para que se la entregaran en su nueva vivienda en España.

«Gerard volvió un viernes por la noche y el domingo nos fuimos para allá. Yo el viernes hice el pedido para que lo entregaran el lunes a las 19, porque nosotros llegábamos unas horas antes. Y cuando arribamos, ahí estaba. Una bienvenida al primer mundo», rememora.

Ese fue el punto de partida del periplo que llevó adelante esta pareja para emprender una nueva vida en España, luego de haber mantenido durante seis años una marca de ropa para niños en Córdoba. 

El desafío generó frutos que nunca pensaron conseguir cuando plantaron bandera en Europa: hoy lideran una empresa que vende indumentaria en 400 tiendas de 40 países y que factura más de 10 millones de euros por año (12 millones de dólares).

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–Antes de llegar a Europa, comencemos por la historia acá…

–Barb Bruno (B.B.): Nací en Córdoba capital y mi familia siempre fue empresaria. Crecí en ese ámbito y creo que eso pesa mucho a la hora de emprender, uno lo toma como algo natural, da menos miedo asumir riesgos. Y desde muy chica me gustó ser diseñadora de modas, pero esa carrera no existía en Córdoba. Estudié Bellas Artes, pero no finalicé, después hice cursos de patronaje y de diseño gráfico, y terminamos creando la marca de ropa para niños Umbaba. Gerard es médico psiquiatra, pero de entrada fuimos socios.

–Y emprendieron desde abajo.

–Gerard Lazcano (G.L.): Sí, nos íbamos en auto a Buenos Aires a comprar los rollos de tela; volvíamos y hacíamos todo en una fábrica pequeña en Argüello, donde vivíamos. 

–(B.B.): Estuvimos desde 2002 hasta 2008 y llegamos a tener seis locales. No nos iba tan mal, el negocio fue creciendo, pero Argentina es un lugar muy adverso. 

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–¿Qué significa eso? 

–(G.L.): Con los vaivenes políticos y sociales que hay allá, es muy complicado emprender. No acompaña el contexto. 

–(B.B.): El problema es que siempre tenés inflación. Nosotros vendíamos una colección y a la siguiente ya no la podíamos volver a fabricar, porque nunca los números eran lo suficientemente buenos para vivir y volver a fabricar. Lo peor es la moneda tan inestable, eso arruina cualquier plan. Pero, a la vez, creo que es lo que ayuda a que los argentinos, en general, tengan éxito afuera. Estamos acostumbrados a lucharla.

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Juntos a la par. Barb y Gerard destinaron 10 mil euros que tenían ahorrados para dar a luz a Tinycottons, una empresa que aceleró en su crecimiento en los últimos años. (Gentileza Tinycottons)

–¿Eso fue lo que llevó a la decisión de cruzar el Atlántico?

–En 2008 dijimos «hasta acá llegamos». Veníamos bien, pero era todo demasiado difícil y no nos parecía oportuno seguir rompiéndonos la espalda. Y también tuvimos cuestiones personales: nació nuestro tercer hijo, que tiene autismo, lo que nos cambió la vida, las prioridades, saber que ya no podríamos estar trabajando todo el día. Además, fallecieron mi papá y la madre de Gerard, muchas cosas que nos llevaron a decir «se acabó»; aunque nuestros amigos nos decían que era una locura irnos así, con tres niños.

–(G.L.): Algo que nos ayudó es que ya teníamos los papeles listos. Desde que nos casamos, estuvimos ocho años realizando trámites, armando los pasaportes, siempre estuvo en nuestra mente irnos en algún momento. Eso es un consejo: no irse porque sí. Yo conseguí varias entrevistas de trabajo en España, llegamos, las hice, y a la semana me confirmaron en una. Vendimos todo lo que teníamos en Córdoba y nos vinimos.

 –Imagino que ahí sucedió la anécdota de Carrefour. Y germinó la semilla de lo que son hoy.

–(B.B.): Yo estuve un año sin hacer nada, y luego vimos que ya estaba en condiciones de trabajar. Nuestro hijo con autismo ya iba a la guardería y había superado las pruebas médicas. Me postulé para un trabajo que fue el gran cambio de mi vida. Adidas Group necesitaba un diseñador junior; me traje todo el portfolio de lo que había hecho en Argentina y apliqué. Éramos como 370 aspirantes, pasé al siguiente momento y ya éramos 100, y así. Fueron en total tres meses, cinco entrevistas, hasta que quedé e incluso me terminaron dando un puesto más alto, al que me había anotado.

–¿Cómo?

–Sí. Algo insólito: en Argentina tratan de pagar lo menos posible y acá fue: “Che, a esta chica que tiene experiencia no le podemos dar un cargo tan bajo, la vamos a contratar para otro puesto». Yo estaba alucinada, no lo podía creer. Luego quedé fija y fue el gran master de mi vida: entendí cómo funcionaban todas las fábricas, los equipos de producción. En mi equipo éramos nueve para una sola colección, yo sabía qué hacían todos, pero solo dibujaba. Y en los cinco años que estuve ahí, viajaba tres o cuatro veces al año a Tailandia, China, Turquía, India, Sri Lanka, Vietnam, aprendiendo el know how de una empresa gigante.

–Un trabajo que 99 de cada 100 personas nunca dejaría…

–Es verdad, pero las ganas de emprender pudieron más, y sentí que era el momento. Hablamos con Gerard para ver cómo hacíamos con el dinero, porque era invertir nuestros ahorros y dejar un trabajo que, para otra persona, seguro es un sueño. Empezamos de a poco, trabajando de noche, fuimos a París a una feria a ver la reacción de la gente; y cuando volví, me di cuenta de que podíamos apostar en serio. Dejé Adidas y fabricamos la primera colección en Perú, en 2014, con ropa para niños de cero a dos años.

–(G.L.) Empezamos de nuevo desde abajo, a pulmón. Íbamos a ferias a todos lados, a París, Italia, Florencia, Nueva York, cargábamos todo en el auto y montábamos un stand de dos por dos, intentando lograr engagement con los clientes. Nosotros lo hacíamos solos, y al lado venían marcas con 30 personas que armaban todo. Pero lo bueno es que las ferias en Europa son muy internacionales y muy grandes y, si bien éramos pequeños, a medida que pasaba el tiempo la gente apreciaba el producto… y eso acompañó. 

–¿Cuál fue la clave para pasar de ser una micropyme a una compañía global?

–(B.B.): En primer lugar, poner la calidad sobre todo. Segundo, una mirada internacional: desde el inicio, toda nuestra comunicación fue en inglés. Tercero, nacimos digitales, que ahora es algo normal, pero en ese momento era ir al revés de todo el mundo. Pero, además, siempre tener el empuje de emprender: a esto lo hicimos sin ningún crédito, empezamos con nuestros propios ahorros, que eran alrededor de 10 mil euros, y hoy facturamos más de 10 millones. Y sucedió todo en siete años. Pero cuando miro para atrás, no pienso sólo qué bien que nos va, sino todo lo que nos esforzamos para que así fuera. 

–(G.L): Perseveramos y la cosa fue funcionando. Nuestra primera tienda física en Barcelona tenía 12 metros cuadrados, sin baño, pegamos el suelo nosotros, nos la rebuscamos para gastar lo menos posible. 

–¿Fue todo por cuenta propia o tuvieron algún tipo de asesoramiento externo?

–(B.B.): Tuvimos una ayuda inicial de Luciano Nicora (Fundación Endeavor). Es muy amigo nuestro, siempre nos decía que el tercer equipo es el correcto. Y con los años tuvo razón. El primero fue de amigos y conocidos; el segundo, de contratados que creíamos que eran los correctos sólo mirando el currículum; en el tercero, apuntamos a las personas, observando su carácter, con el fin de que encaje en el grupo. Por otro lado, acá la red de emprendedores es fuerte y es generosa. En Argentina somos muy celosos de compartir información por miedo, acá no es así. Todo lo contrario.

–En concreto, ¿qué es hoy Tinycottons?

–Tenemos dos canales de ventas. Al por menor, tres tiendas en España: dos en Barcelona y una en Madrid. Y también hace un par de días abrimos una tienda en Beijing, China. Al por mayor, vendemos en unas 400 tiendas de entre 30 y 40 países, dependiendo la temporada, todo con marca propia. El modelo (de negocio) es distinto al de Argentina, porque allá hacíamos todo y acá solo diseñamos los moldes y elegimos la tela, y después tenemos entre 20 y 25 fábricas proveedoras en Portugal, Turquía, España, India y China, que nos mandan el producto listo a nuestro almacén, con la bolsita y todo. Empleados directos somos 40. Producimos medio millón de prendas anuales, cuando en Argentina nunca pasamos de más de 10 mil. 

–(G.L.): Vendemos a tiendas grandes de renombre, como Barneys, de Nueva York; Harvey Nichols, de Londres, o Le Bon Marché, de París. 

–¿Y el canal digital cómo funciona?

–(B.B.): Es fundamental. Representa más de 70 por ciento de la facturación de las ventas minoristas y 60 por ciento si se tiene en cuenta la facturación global. Los productos llegan a todos lados: por ejemplo, China, Corea y Japón son mercados fuertes para nosotros. Nos ayudó mucho dejar de tercerizar el almacén y tener uno propio. Aprendimos de los dueños de la tienda Sara, que siempre señalan que su negocio no es la ropa, sino la logística. Nosotros, en 48 horas, podemos dejar un producto en cualquier lugar del mundo. Menos en Argentina.

–Aquí es donde necesitaría la imagen de una persona golpeándose la frente con la mano. 

–No es broma. Hasta en Rusia nos dejan pasar, pero Argentina no. Es una cosa insólita. Tuvimos dos o tres clientes, pero no pudimos seguir. En Aduana te paran, piden tantos impuestos que son más caros que la ropa, es inviable. 

–Y así, volvemos al principio. ¿Cuáles son las diferencias entre emprender en Argentina y en España?

–Si lo tengo que resumir en una palabra, es profesionalidad. Acá todo se hace de manera profesional: tanto las fábricas como los empleados, todo tiene una forma de funcionar aceitada, se cumplen los plazos. Sentís que todo el esfuerzo tiene premio. Allá no podíamos salir de la rosca de ni siquiera comprarnos una casa. Eso no quita que lo mismo hay que trabajar durísimo. Nosotros hemos estado más de 12 horas muchas veces, con nuestras hijas armando cajas y teniéndolas apiladas en la parte de arriba de la casa. Y los impuestos también son brutales, pero ves que las cosas vuelven en servicios. 

–(G.L.): También aquí, cuando alguien quiere desarrollar algo, los vientos son más favorables. El acceso a la información es más sencillo, hay muchas incubadoras de empresas. El Estado se involucra mucho en ayudar a emprendedores, tanto a nivel de información como financieramente. En Argentina la sensación triste es que es todo es por medio del amigo del amigo, no es por mérito. 

–Ustedes se presentan como una empresa con dos aspectos clave en el mundo actual: amigables con el ambiente e inclusiva.

–(B.B.): Sí, tenemos una estrategia ecofriendly: no usamos plástico, sólo papel y cartón. Todo el plástico que llegue a la empresa se recicla, porque acá son muy exigentes y hay impuestos muy altos sobre estas cuestiones. Además, la producción es en gran parte orgánica y certificada.

–(G.L.): Por otro lado, de los 40 empleados, apenas siete somos hombres. Y la gran mayoría está en logística, en el resto de la compañía son todas mujeres. Pero a la vez también hemos tenido varones atendiendo en la tienda de niños, lo que tampoco es usual.

Socios a todo nivel

De Córdoba a España y al mundo

Nombres. Barb Bruno (43) y Gerard Lazcano (52)

Hijos. Cuatro.

Profesiones. Ella es diseñadora y él, médico psiquiatra. 

Empresa. Tinycottons SL.

Cargo. Gerard es el presidente y Barb, la CEO y directora creativa. 

Marcas. Tinycottons, The tiny big sister y We are Gommu.

Facturación. 10 millones de euros.

Empleados. 40 directos. 

Un dato. Venden en 30 a 40 países, según la temporada del año. El comercio electrónico representa el 60% de la facturación global.

Les gusta. A ella, meditación y cocinar; a él, el golf, la náutica y el mountain bike

Proyectos 2021. Una nueva empresa de juguetes sostenibles (biodegradables) y que tendrá un fin social, ya que parte de sus ganancias se destinarán a la educación infantil en zonas vulnerables. Además, consolidar la expansión en Asia y en Medio Oriente. 

Extrañan de Córdoba. “Comer en el restaurante de mi madre, con ella y mis tres hermanos, que se quedaron allá, y compartir nuestros delirios familiares. Y por supuesto, los amigos”, dijo Barb. Gerard menciona “los amigos, la familia, los asados y las Sierras”.

Web. www.tinycottons.com.

Instagram. @tinycottons.

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