«No es lo mismo el ruido en el pizarrón que un WhatsApp»

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A pocos días de comenzar un nuevo y atípico año escolar, las escuelas y las familias se preparan para estrenar formatos mixtos de presencialidad y virtualidad. En vacaciones, ya se piensa en cómo será el retorno después de un 2020 que hizo más visibles las desigualdades sociales y la brecha digital en la provincia de Córdoba.

¿Qué expectativas tienen en los barrios populosos donde, entre otras cosas, escasean recursos tecnológicos y la conectividad a Internet?

Cintia Herreras (38), de barrio Ciudad Parque Las Rosas, en la ciudad de Córdoba, tiene las ideas claras. “La escuela no se deja”, apunta.

Ella abandonó la escuela cuando tenía 12 y se arrepiente de aquella decisión. Fue mamá a los 16 y hoy tiene cinco hijos, a quienes les inculca el estudio, como una tabla de salvación.

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En su sencilla pero impecable casa de este vecindario cercano a la ruta 20, Cintia cuenta cómo vivieron en su familia el año de la pandemia y cómo se preparan para el desafío de la educación mixta en 2021.

Dos de sus hijos, que van entre los 11 y los 21 años, asisten a la escuela. El mayor de todos se anotó en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba; los mellizos de 19 no terminaron el secundario, aunque quieren hacerlo; Nahuel (16) asiste a cuarto año del Ipem N° 2 República del Uruguay; y el menor cursará este año sexto grado.

“La escuela fue muy importante para el barrio”, sentencia Herreras, cuando se le pregunta cómo vivieron el año de la cuarentena, del Covid-19, y de las aulas cerradas. Y agrega: “La escuela se portó muy bien. Les dio una ayuda muy grande a los alumnos. Es como si fuera nuestra casa”.

El Ipem mantuvo sus espacios abiertos y los alumnos podían utilizar Internet allí, donde también funcionó un “desayunador” o copa de leche para 120 personas, impulsado por la gente del barrio, para los vecinos que lo necesitaran.

En la casa de Cintia hay un solo celular y la familia no tiene conexión a Internet. El padre de los chicos trabaja como changarín y delivery y ella, en una empresa de limpieza, aunque ahora está de licencia a raíz de la emergencia por el coronavirus. Los hijos más grandes también se las rebuscan en distintos trabajos y en la panadería del abuelo.

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“Hay chicos del barrio que no pudieron estudiar, les costaba. No tenían Internet. Por más que mandaran las tareas, no es lo mismo que te explique la maestra. Tampoco es lo mismo que te hagan ruidito en el pizarrón, que un WhatsApp”, grafica.

En busca de internet

Nahuel Lucero, uno de los hijos de Cintia, cuenta que hacía las actividades en su casa y, a veces, corría hasta la escuela a buscar conexión. Otras, iba a casa de la abuela para enviar el material a los docentes por mail.

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El caso de Nahuel es similar al de miles en Córdoba, donde según datos de las pruebas Aprender y de la encuesta nacional de vinculación a la escuela en pandemia, la mitad de los adolescentes no tienen conexión a Internet y donde seis de cada diez no posee una PC.

“No tenemos Internet, pero iba a la escuela y buscaba información porque les abrían las puertas para que usarán el de ahí”, confirma Cintia. También se entregaban los cuadernillos y los módulos alimentarios.

Beatriz Bringas, una vecina, referente social y encargada del desayunador, relata que en sector la mayoría no puede pagar Internet y que la red no es buena.

“Una carga de Internet en el celular puede durar tres días. Si tenía que buscar por YouTube, me duraba dos días una carga de 200 pesos, que es lo que yo puedo pagar. A veces no los tenía y Nahuel llevaba el teléfono hasta la escuela y hacía la tarea”, cuenta Cintia.

Como en todos los barrios populares de Córdoba, la escuela es una institución a la que se acude ante cualquier problema, no sólo escolar.

“En esta escuela se los contiene. La psicóloga, el director es de oro. ¡No sabés todo lo que hace cuando deja la escuela alguien! El director les da muchas oportunidades”, dice Beatriz.

Cintia asiente: “El ‘dire’ es palabra mayor en el barrio”.

Educación de adultos

Beatriz y Cintia creen que el barrio necesita un secundario de adultos con urgencia. El más cercano está en la ruta 20 y es complicado llegar de noche. Están convencidas de que, así, muchas madres podrían ayudar en las tareas escolares a sus hijos. “Hace mucha falta”, coinciden.

“Las mamás preguntan cuándo va a haber escuela para mayores. Hay mamás que tienen 22 o 24 años, que se arrepintieron de dejar el colegio y quieren volver”, asegura Herreras, y admite dificultades para ayudar a sus hijos. “Yo me olvidé de dividir, a mí me costó ayudarlo”, remarca. Y agrega: “Me gustaría ir a la escuela de adultos, para tener conocimientos, para ser un ejemplo para mis hijos”.

Cadena solidaria

La sensación que sobrevuela en la charla es que en la virtualidad se aprendió menos que en prepandemia, aunque a Nahuel le fue bien y se las ingenió para cumplir con todo.

“Costaba mucho sin el profe enfrente. Yo no tengo secundaria y mi nieto me preguntaba algo y yo no sabía contestar. Acá casi nadie tiene el secundario y ni la primaria”, acota Beatriz.

Y agrega: “Hay gente que nunca fue a la escuela. Esta es la situación de este barrio. No sabemos cómo responderles a los chicos. Lo bueno es que en la escuela siempre había un profe o un grupo de WhatsApp para que conversaran”.

Lo “bueno” de la pandemia fue que reforzó el entramado de lazos solidarios en el vecindario que permitieron identificar a los chicos desconectados de las tareas y asistir a las familias enfermas de Covid-19.

“Era como una cadena, una cosa muy organizada. Buena voluntad”, sostiene Beatriz.

Durante la cuarentena, cuentan las vecinas que habitan el sector desde que se creó el barrio hace 15 años, se vivieron situaciones extremas. “Estuvo jodido. De acá a una cuadra, muchos son carreros y cartoneros y no hubo mucho para hacer”, explica Beatriz, en relación a los dos asentamientos cercanos al ferrocarril.

La presencialidad

Beatriz y Cintia creen que la mayoría de las familias quieren que vuelvan las clases presenciales porque nada se compara con la mirada del docente. Y apuntan que “las madres están muy cansadas” de intentar ayudar en temas que desconocen.

Más allá de la presencialidad o de la virtualidad, Nahuel sabe: “El secundario es muy importante. Prometo terminarlo y tal vez estudiar alguna carrera universitaria”. “El secundario es todo, es una puerta más que se abre para trabajar. El secundario no se deja”, dice Cintia.

Beatriz acuerda: “Hasta para mucama o para cuidar niños tenés que tener un poco de estudio. A todos les inculco la secundaria. Yo terminé la primaria de noche, porque en el día no tenía las zapatillas para ir. Ahora las madres se rompen el lomo para que los chicos tengan cosas, venden pan, se las rebuscan”, opina Beatriz.

En 2020, el 58% de los alumnos secundarios no tenía PC

El 58 por ciento de los alumnos que cursaron la secundaria a distancia el 2020 en Argentina no tenía computadora, según la Encuesta Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica.

En Córdoba, la mitad de los adolescentes tampoco tenía conexión a Internet en sus hogares. La cifra fue más preocupante entre alumnos de colegios públicos, donde solo cuatro de cada diez tenía conectividad.

En enero, el gobernador Juan Schiaretti anunció la compra de 50 mil notebook, que se sumaron a una partida similar, las cuelas se entregarán a alumnos de hogares de bajos recursos.

Los equipos cuentan con acceso a internet a través de módem inalámbrico 4G.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 13/02/2021 en nuestra edición impresa.

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