Ganancias: iniciativa acertada, pero incompleta

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El Estado argentino recauda cuantiosas sumas de dinero con base en un elevado menú de impuestos. La mayoría de ellos con incidencia en la economía de millones de ciudadanos cuyos escasos ingresos no tienen relación con la pesada carga tributaria.

La copiosa minuta incluye los llamados “impuestos invisibles”, esos que se cargan a los precios de bienes y servicios y que rara vez son advertidos por los usuarios.

Es decir, cuando un vecino levanta un producto de la góndola del supermercado o en un mercadito de barrio, desconoce que le van a facturar un adicional por algún arancel que va a la caja del Estado.

Sin embargo, entre las contribuciones que generan controversias inacabables aparece el Impuesto a las Ganancias. Un gravamen resistido por millones de trabajadores cuyos sueldos superan la base no imponible.

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La polémica se reaviva cada año sin que los funcionarios expertos en materia tributaria hayan encontrado todavía una fórmula de ajuste automático que podría evitar las especulaciones.

Esta vez, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, fue el encargado de presentar un proyecto para que en 2021 queden exentos del tributo los asalariados que cobren hasta 150 mil pesos brutos por mes; unos 124 mil pesos de bolsillo.

No está en discusión la bondad del proyecto del titular de la Cámara Baja, pues beneficiaría a cerca de 1.260.000 trabajadores registrados en el país.

Así lo entendió el arco opositor, cuyos referentes no condicionaron la aprobación de la iniciativa, aunque el enrarecido clima político puede deparar sorpresas y no siempre todo está dicho.

“El desafío es recuperar el ingreso y motorizar el consumo”, fue uno de los argumentos de Massa al poner el tema en debate.

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Las buenas intenciones están planteadas, pero habrá que examinar si sólo con atenuar la presión sobre los asalariados alcanzará para revertir una crisis social y económica que tiene alcances bastante más profundos.

Siempre en referencia al Impuesto a las Ganancias, es impropio que en la actualidad alcance a dependientes de la órbita pública y privada que con sus salarios apenas orillan lo necesario de una canasta familiar para no caer en la línea de pobreza.

A caballo de una inflación indomable, los índices oficiales sobre pobreza se incrementan todos los meses y ponen en situación de quebranto a las franjas sociales más vulnerables y postergadas.

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Otra cuenta pendiente tiene anclaje en la demora en definir una normativa para que los jueces y demás miembros del Poder Judicial paguen el tributo y no se amparen en una dudosa intangibilidad de los haberes para el sector.

Urge una solución de fondo y duradera a fin de que la actualización de Ganancias no corra siempre por cuenta de un diputado o de un gobierno de turno, sino por un mecanismo de ajuste automático sustentado en la realidad.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 13/02/2021 en nuestra edición impresa.

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