La necesidad de desUVAnizar los créditos hipotecarios

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En un país con una economía tan inestable como la Argentina, tomar un crédito a 20 o a 30 años con un índice de actualización de las cuotas basado exclusivamente en la inflación implica, cuanto menos, una actitud temeraria. 

Con un ajuste general de los precios que hace más de una década supera el 20 o el 30 por ciento anual, y con salarios que también aumentan, pero generalmente por detrás de la inflación, el desfase en algún momento se torna insostenible y los deudores no pueden pagar las cuotas.

Eso es exactamente lo que viene sucedido en los últimos años con los créditos UVA (unidad de valor adquisitivo), particularmente con aquellos orientados a la compra de viviendas. 

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Los préstamos UVA se lanzaron en 2016, durante el mandato del expresidente Mauricio Macri. Y hasta mediados de 2019 se entregaron más 115 mil créditos en todo el país. Desde el primer minuto, las cuotas se actualizaron con base en el coeficiente de estabilización de referencia (CER), que refleja la evolución del índice de precios al consumidor (IPC).

En los dos primeros años, con la economía relativamente controlada, las cuotas fueron manejables para los tomadores de los créditos. Pero a partir de 2018, y sobre todo en 2019, la inflación impactó de lleno sobre el esquema de financiamiento aplicado, y miles de familias comenzaron a ver cómo las cuotas se quedaban cada vez con una porción más grande de sus ingresos.  

Desde 2016 a esta parte, el índice UVA aumentó más del 380 por ciento, contra una suba promedio del 245 por ciento de los salarios en igual período. Así, por caso, una familia con ingresos de 30 mil pesos que en 2016 comenzó pagando una cuota del 10 mil pesos hoy tiene que afrontar cuotas de 38.000 pesos con un ingreso actualizado de 73 mil pesos. 

Hace cuatro años, la cuota representaba un tercio de sus ingresos y hoy ya redondea la mitad. A todo esto, la pérdida de poder de pago de los tomadores de los créditos podría seguir profundizándose este año si los salarios vuelven a perder contra la inflación.

A poco de asumir, la gestión de Alberto Fernández congeló las cuotas UVA y difirió los pagos, buscando que el valor no siguiera subiendo. Pero esa ayuda terminó este mes y las cuotas comenzaron a actualizarse, incluso en forma retroactiva. Además, a partir de marzo se rehabilitarían los remates por deudas hipotecarias, lo que podría dejar literalmente en la calle a muchas familias.

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Los deudores vienen advirtiendo que este año los créditos UVA pueden convertirse en una bomba de tiempo y reclaman una solución de largo plazo. Quizá, un cambio en el esquema de actualización de los préstamos. Pero ello sería claramente resistido por los bancos, y el Estado nacional debería salir a hacerse cargo del pasivo financiero. 

Resolver el problema no es fácil. Alguien, seguramente, saldrá perdiendo. Mientras tanto, la inflación seguirá complicándoles la vida a la mayoría de los argentinos.   

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