Por los incendios, los cesteros se quedaron sin su insumo clave

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A Mónica se le está terminando el material para tejer sus canastos. La mujer es una de las vecinas más cercanas de la escuela de Copacabana, en el departamento Ischilín.

A ese paraíso enclavado en el norte cordobés, entre las montañas ya bajas de las sierras, se llega después de transitar más de 25 kilómetros de tierra, desde la ruta 38.

Los incendios forestales que sufrió la provincia de Córdoba en este 2020 afectaron miles de hectáreas en esta zona agreste en la que las autóctonas palmeras caranday crecen solas y saludables, con resistencia a tempestades y a sequías. Pero no al fuego.

Y son las frondosas hojas de esas palmas con lo que los 100 habitantes de este caserío fabrican toda clase de artesanías tejidas. De ellas viven.

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Canastos de todo tipo, bandejas, posavasos y un sinfín de elementos que son codiciados por los puestos de venta de Córdoba que tienen a los habitantes de esta región de palmares como proveedores.

Mónica Correa tiene 45 años, todos vividos en este pueblito. Aprendió el oficio de sus hermanas mayores y lo que gana con la venta de artesanías le ayuda para progresar junto a su familia.

En diálogo con La Voz, la mujer cuenta que tras los incendios forestales, el 80 por ciento de las palmeras en esa área quedó reducido a cenizas. Cree que, con suerte, recién se verá alguna recuperación en las plantaciones en tres o cuatro años. Mientras tanto, se quedaron sin el insumo central para las artesanías de las que viven.

“Estamos preocupados porque si bien estamos consiguiendo algo de material, de otros lados, no es en la cantidad necesaria”, explica Mónica, que forma parte de la tercera generación de su familia que se dedica a esta actividad.

La mujer relata que algunos vecinos viajan hasta la zona de Charbonier a buscar hojas de palma y que luego este material se vende en Copacabana.

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“Las 100 hojas de palma se están cobrando 1.000 pesos, cuando antes costaban 350 pesos”, relata.

Imparable

Durante 12 días el fuego azotó a esta región del departamento Ischilín, a 137 kilómetros de la Capital cordobesa. El 18 de agosto quedará en la memoria de los lugareños como el día en que comenzó lo peor en muchos años que le haya tocado vivir a esta comunidad.

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Los vecinos salieron hacia el monte a combatir las llamas que llegaban sin freno de ningún tipo y muchas mujeres, como Mónica, se arremangaron para colaborar con los bomberos en todo lo que hiciera falta.

El 30 de agosto, el fuego llegó a la zona poblada y ya había quemado casi la totalidad de los campos con plantaciones de palmeras.

Con los días, ese foco se expandió por decenas de miles de hectáreas y llegó hasta el norte del valle de Punilla.

“Sentimos que se nos acababa nuestra fuente de trabajo”, cuenta Maximiliano, un joven que además de hacer tareas en el campo, se dedica al tejido artesanal, como casi todos los hombres del lugar.

En espera

“Estamos a la espera de que desde el Gobierno provincial nos provean de material que nos dicen que vendría de la zona de San Carlos Minas”, acota Mónica Correa. .

“Por el momento estamos trabajando con lo poco que nos quedó. En mi caso, siempre me acercan palmas para que trabaje y por suerte el Gobierno está dando subsidios para que la gente pueda comprar la materia prima”, expone la artesana.

La legisladora provincial Tania Kyshakevych asegura que desde la Provincia se está elaborando un plan de logística para trasladar las palmas que se cosecharán en la zona de Chancaní, más al oeste del mapa cordobés, y que haya una distribución equitativa entre los vecinos de Copacabana.

“Estamos coordinando con los jefes comunales e intendentes para que nos puedan aportar al personal para que haga la cosecha”, expresó la legisladora, quien agregó que la Provincia se hará cargo del transporte y el pago de los cosecheros.

“Hay familias que tienen 10 artesanos y otras menos y estamos avanzando en ver de qué manera hacer la distribución y cada tanto tiempo tenemos que volver a aportarles la materia prima”, destacó.

El de los cesteros de Ischilín es sólo una muestra, entre tantas, de los impactos económicos y sociales que se suman a los costos ambientales de los incendios en Córdoba. Que en este 2020 fueron más agresivos y expandidos que nunca.

Una estimación aún provisional establece que este año se quemaron unas 350 mil hectáreas en la provincia, el mayor registro de la dos dos últimas décadas.

Unas 350 mil hectáreas se hicieron humo en 2020

No hay un año peor a este desde 2003, que es desde cuando se lleva un registro metódico de superficies afectadas. El que más se le parece es 2009, con 227 mil hectáreas bajo fuego. Pero 2020 lo supera con un largo 55 por ciento más. Los otros años complicados de las dos últimas décadas fueron 2013 (con 152 mil hectáreas), 2003 (con 145 mil) y 2010 (con 104 mil). También hubo de los “buenos”: varios años que apenas superaron las 10 mil hectáreas.

*Corresponsalía

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 22/11/2020 en nuestra edición impresa.

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