A 14 años del crimen de Nora, Macarrón espera un juicio que no llega

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La pandemia de coronavirus ralentizó la actividad de los Tribunales. En Río Cuarto, con un solo equipo para hacer audiencias por videoconferencia, las cámaras y otras reparticiones deben turnarse para usar la sala mayor del nuevo edificio judicial.

Apenas cedió un poco el confinamiento, las cámaras del Crimen le dieron prioridad a juicios penales pendientes que tenían a los acusados detenidos. Pero en el caso del homicidio de Nora Dalmasso (51), el imputado por el homicidio y su viudo, Marcelo Macarrón, en ningún momento fue privado de su libertad.

El domingo 26 de noviembre del 2006, Nora Dalmasso fue encontrada asesinada en la cama de su hija, desnuda, con marcas en sus pechos, ahorcada con el cinto de su propia bata de toalla. Macarrón estaba en un torneo de golf en Punta del Este, Uruguay. Había viajado el jueves anterior con el abogado Daniel Lacase. Su hija, Valentina, estaba en Estados Unidos, y su hijo mayor, Facundo, en la ciudad de Córdoba, donde estudiaba Derecho.

En una comunicación vía correo electrónico con La Voz, los hijos consideraron que la imputación de su padre es “una gran injusticia”, pero dijeron esperar que se haga “de una buena vez”, para que cese la persecución contra la familia y se investigue “al verdadero asesino”.

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Tras la intervención de cinco fiscales en la causa y las especulaciones más dispares sobre el móvil y la autoría del crimen, Marcelo Macarrón llega a juicio como presunto instigador del homicidio de su esposa. Se le imputa homicidio calificado por el vínculo, por alevosía y precio o promesa remuneratoria, en concurso ideal.

Con los últimos testimonios tomados, el informe de la autopsia psicológica y constancias de cómo se habría ido desviando la investigación, el fiscal Luis Pizarro concluyó que Nora le habría pedido el divorcio a su marido y el crimen fue planificado por Macarrón (y sus “adláteres”, que habrían tenido además un objetivo político) para evitar dividir los bienes que figuraban a su nombre.

Fuentes judiciales dan por sentado que el juicio contra Macarrón se sustanciará recién el año próximo en Río Cuarto. Será con jurados populares en la Cámara Primera, que tiene dos nuevos jueces: Natacha Irina García (vocal) y Daniel Vaudagna (presidente). Debido a que está demorado el nombramiento de magistrados, el Tribunal se completará con quien hace un año es juez de violencia familiar, Mariano Correa. Correa es el primer abogado recibido en la Universidad Nacional de Río Cuarto (egresó en 2008) y carece de experiencia en el ámbito penal.

Sospechas y pruebas

Para el fiscal Luis Pizarro, “Macarrón fue quien deseó y preparó el homicidio contratando a un individuo o a varios sicario/s que, sin odio, pasión o motivo personal, se deciden a matar en razón de una ganancia pactada”.

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Tras incorporar al expediente declaraciones de exparejas de Lacase y Macarrón y de la propia madre de la víctima, Nené Grassi, el fiscal consideró probado que “el matrimonio Macarrón-Dalmasso vivía una crisis en la que la posibilidad del divorcio estaba presente”.

Consideró acreditada la infidelidad de ambos miembros del matrimonio, “de larga data de parte de Macarrón”, lo que probaría “una relación disfuncional muy diferente a la imagen que el viudo dio en la conferencia de prensa donde se refirió a Nora como su ‘amada esposa’”.

El investigador aseguró que, desde su unión, la pareja había logrado la adquisición de una importante cantidad de bienes, productos del desempeño laboral y de negocios de Marcelo Macarrón, “en un volumen que no se condice con sus ingresos declarados”.

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Con base en testimonios y en la autopsia psicológica, Pizarro enfatizó que Marcelo es “un avaro de aquellos”, mientras que la víctima, de personalidad aguerrida y fuerte, era “de pelear por sus intereses” y sólo habría tenido riesgo de “heteroagresividad” con su esposo, con quien llevaba “un matrimonio de apariencia”.

Pizarro no avanzó sobre la hipótesis de testaferros, pero dejó abierta la necesidad de investigar encubrimientos.

Lo sexual, para desviar

Para la fiscalía, Macarrón habría contratado a sicarios profesionales, que “actuaron de modo definido, preciso y seguro, tanto para dar muerte como para dejar la escena sexualizada”.

Pizarro sostuvo que las lesiones genitales y paragenitales y demás circunstancias de la escena del crimen, como el rumor de que la víctima tenía un amante, fueron parte del “plan homicida”. Interpretó que “lo sexual fue sólo una máscara, un armado de escena montada para desviar la atención de la verdadera finalidad del homicidio, lo que se habría logrado”, en todos estos años.

Citó palabras de la madre de Nora, María Delia Grassi, quien en declaraciones en 2018 reiteró que los responsables de la muerte de su hija “son una mafia”, dio algunos nombres y llegó a asegurar que “están en la cumbre del gobierno”. Refirió la existencia de un plan para matar a Dalmasso y “organizar el daño a su imagen”, desde Buenos Aires. También expresó que al principio su yerno la buscaba mucho “para aparentar una buena relación”, pero “luego tuvo una agarrada porque Marcelo cree que ella andaba comentando que él sería el homicida”.

En la actualidad, “Nené” Grassi está postrada, tras haber sufrido un ACV. En 2016, se desvinculó del abogado Diego Estévez, por lo que ahora la Justicia debe resolver si le nombra un asesor de oficio o si corresponde que se le asigne un tutor, por la vía civil. Es querellante, pero ya no está en condiciones de expresar su parecer.

Los hijos

En las últimas horas, Facundo y Valentina Macarrón volvieron a salir en defensa de su padre. Consideraron que el proceso contra el viudo constituye “una gran injusticia” pero enfatizaron que no apelaron la elevación a juicio con la aspiración de que “de una buena vez finalice la persecución contra la familia y se empiece a perseguir al verdadero asesino”.

Dijeron comprender la postergación de la audiencia, por la pandemia, pero expresaron: “Lo sucedido no quita nuestro dolor de haber tenido que soportar injustamente, otro año más, la pesada mochila que llevamos desde que mataron a mamá. No sólo por no conocer la verdad de lo que pasó, sino por el instinto de supervivencia que tuvimos que desarrollar durante estos años, al tener que defendernos de acusaciones totalmente gratuitas, inverosímiles y sin fundamento alguno”.

Desde que ocurrió el homicidio, los hijos de la víctima sólo aceptaron dar su parecer sobre la causa a través de consultas por correo electrónico. Este aniversario del asesinato no fue la excepción. En tanto, a través de sus abogados, el viudo volvió a rechazar de plano la posibilidad de una entrevista.

“El proceso, hoy contra papá, es para nosotros una pesada cruz que llevamos desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Nos pesa ver cómo lo afecta a papá su sufrimiento cotidiano y cuánto más lo seguirá afectando esta injusta acusación. Nos pesa muchísimo la ausencia de mamá, la incertidumbre, y sobre todo, nos pesa la ausencia de la verdad, de no saber quién fue y que poco y nada se haya hecho en búsqueda de esa verdad”, afirman los hijos en su respuesta a este medio.

E insistieron con que la acusación contra su padre como autor intelectual del crimen es “abstracta” y “no tiene ningún tipo de prueba que la sustente”.

Múltiples hipótesis. En estos 14 años, la investigación por el asesinato de Nora deambuló en teorías judiciales: un depravado sexual, un matricidio, un viaje relámpago del viudo para cometer el crimen y, ahora, un asesinato por encargo.

Jueces. El tribunal que tiene que juzgar a Marcelo Macarrón está compuesto por dos jueces que asumieron hace poco tiempo y un tercero que actuará de manera provisoria, ya que no proviene del campo penal.

Por encargo. El año pasado, el fiscal Luis Pizzaro –fiscal móvil de narcomenudeo, y en ese entonces subrogante de la fiscalía primera de Río Cuarto– aseguró tener evidencia “objetiva” contra Macarrón, al que acusó por el asesinato ocurrido en Río Cuarto. Afirmó que existían “pruebas testimoniales, periciales y documentales” de que Nora fue víctima de “un crimen por encargo”. Su hipótesis es que el viudo y sus cómplices (a los que no identificó) contrataron a uno o dos sicarios (que tampoco han sido identificados) que esperaron a Dalmasso en su casa en la madrugada del 25 de noviembre de 2006. Según Pizzaro, la habrían estrangulado y montado un escenario para hacer creer que la mujer fue asesinada por un amante.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 22/11/2020 en nuestra edición impresa.

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