Reseña de «Mientras los veranos mueren»: una sensualidad solar

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Las afirmaciones generales sobre poesía argentina son engañosas porque nadie ha leído todos los libros de poemas publicados en el país. Sin embargo, el énfasis de ese tipo de enunciados suena mejor que cualquier frase relativa. Digamos, entonces, que los poemas de Nelson Specchia exhiben una sensualidad que escasea en la poesía que se escribe en este territorio, donde imperan otros acordes menores y mayores.

No se trata de la sensualidad oscura y sinuosa de Baudelaire, con ese erotismo de habitaciones cerradas y de perfumes intensos, sino una sensualidad solar, mediterránea, que remite a los moros y a Federico García Lorca.

Pese a su título melancólico, Mientras los veranos mueren –una especie de precuela de Otras geografías– se compone de poemas en los que el recuerdo de Barcelona y de la juventud vivida allí tiene un tono exaltado, como si más que rememorando las palabras estuvieran reviviendo días de júbilo: “Todo es mío:/ piedras, sombras, sexo, el mar y el vino./ Nunca me sentí tan fuerte y vivo./ Estos veranos no finalizan/ me cruzan como un eterno río”.

Al principio, en una primera lectura, hay que habituarse al ritmo de los versos de Specchia, en los que dominan los acentos en quinta y en séptima sílaba, que suenan extraños a los oídos habituados a los acentos en sexta o en cuarta y octava, inoculados por una tradición de 500 años que ha sobrevivido incluso en el verso libre.

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Pero una vez que uno se acostumbra a ese cambio de paso, la danza mental está garantizada, una música de gaita gallega para amantes borrachos y sibaritas que amanecen o anochecen frente al mar.


Mientras los veranos mueren

Nelson Specchia
2020
Ediciones del Dock
$ 450

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 16/11/2020 en nuestra edición impresa.

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