Nobel de Literatura Louise Glück busca abandonar a la editorial que apostó por ella

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«El agente Wylie ha roto en muchas ocasiones cualquier código moral. No somos nosotros sus únicas víctimas. Es gente que ve la cultura solo como una máquina de hacer dinero y al precio que sea. Creo que hay que rebelarse contra esas prácticas, porque de ahí a que los bárbaros vuelvan a instalarse hay solo un pasito», dijo a Télam Manuel Borrás, el editor español del único sello que apostó por traducir al castellano la obra de la flamante Nobel y que ahora tras la decisión Wylie siente mucha «decepción».

Tras la muerte de la española Carmen Balcells, Wyle se convirtió en el agente literario con la mejor cartera de representaciones del mundo literario y artístico. Sus clientes van desde los herederos de Norman Mailer, Saul Bellow, Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges, Vladimir Nabokov, Arthur Miller, Paul Bowles, William Burroughs, John Cheever y Raymond Carver hasta algunos de los más reputados autores vivos como Martin Amis, Phillip Roth, V.S Naipaul, Amos Oz y Salman Rushdie, además de la fotógrafa Annie Leibovitz.

Cuando la Academia Sueca anunció en octubre que Glück era la ganadora del máximo galardón de las letras, su editor español contó a esta agencia que «pasamos de vender escasamente 200 ejemplares de sus libros a botar las ediciones en un cuarto de hora. Cuándo uno se pregunta si los Nobeles son útiles o no pues habrá que concluir que son útiles porque sacan del anonimato a grandes escritores como es el caso de Louise Glück».

«Mi pregunta es cómo hemos empezado a no interesarles solo tras la concesión del Nobel a la poeta americana -cuestiona ahora el editor tras la noticia de los derechos- . Si no somos de confianza cómo es posible que ese mismo agente contratase a lo largo de catorce años siete de los once poemarios de esa poeta. Nosotros tenemos las de perder, pero queremos dejar un aviso a náufragos para prevenirles de gente que no sólo no sabe lo que es la ética profesional, sino los modos más elementales de la educación».

Borrás conoció la obra de la estadounidense mediante un amigo, que le regaló «El Iris salvaje», «lo leí, me encantó, me quedé seducidísimo por ese libro y fui comprando otros. Es lógico cuando uno es editor y se queda tan enamorado por una obra como la de Louise Glück es fatalmente ineludible el quererla editar», dijo el editor quien desde entonces a través de Pre-textos publicó siete de los once libros de Glück, entre ellos «Ararat», «El iris salvaje», «Las siete edades», «Pradera», «Una vida de pueblo» o «Vita nova».

Por eso, el anuncio de la Nobel en la editorial Pre-textos se vivió «con hondísima satisfacción -como dijo Borrás aquel ocho de octubre cuando se supo de la premiación-. Primero y fundamentalmente porque se hace justicia a una gran poeta y después porque en cierto modo, en particular, nos está diciendo a nosotros, los editores de Pre-textos, que no andamos desencaminados cuando insistimos en la importancia de una obra».

Por su parte, el escritor y traductor argentino Jorge Fondebrider explicó en su blog clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com que «durante 14 años, Pre-Textos insistió con Glück y, con lealtad -y prácticamente sin reseñas-, la publicó a pérdida, al punto que ninguno de los libros de la autora en castellano se agotó. El Premio Nobel de Literatura fue entonces una amable recompensa para el único editor europeo (y ya no de la lengua castellana) que había confiado en ella».

Pero «cuando los libros de Glück empezaron a venderse, Pre-Textos se encuentra con que, al querer renovar los derechos de aquellos cuyos contratos habían caducado, las condiciones habían cambiado. Y mientras seguían discutiendo, extraoficialmente -a través de varios colegas españoles-, se enteraron de que la Wylie Agency estaba ofreciendo los derechos de toda la obra de Glück a mejor postor», señaló.

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