Iluminados por la cáscara del maní y el aceite usado

En General Cabrera (215 kilómetros al sur de la capital cordobesa), la cooperativa agrícola Cotagro, junto con la cooperativa eléctrica de esa ciudad y la firma Cleanergy, crearon 3C Biogás, una sociedad que montó un biodigestor con capacidad de generar 1,2 megavatios por hora de energía eléctrica.

«Utilizamos los efluentes de cerdos de nuestra granja porcina y los desechos orgánicos de otras industrias; por ejemplo, de un frigorífico. Y lo que sale del biodigestor se aplica a campo como fertilizante, que incluso es más rico que los de origen químico, porque tiene más contenido orgánico», detalla Walter Monetti, coordinador de gestión de Cotagro.

En esa misma ciudad funciona la manisera Prodeman, que también le encontró la vuelta para sacarle provecho a su principal desecho: la cáscara de maní

«Antes se la proveíamos a feedlots para que la usaran en la alimentación de bovinos, pero sacábamos 12 camiones por día de cáscara y no había forma de reutilizarlo todo. Por eso nació la idea de quemarla en un horno y transformarla en energía eléctrica. Tenemos capacidad para generar 10 megas por hora que se suben al sistema interconectado nacional», relata Gustavo Cavigliasso, vicepresidente de la compañía.

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Actualmente, la planta –que demandó una inversión de 25 millones de dólares– consume unas 230 toneladas de cáscara por día, es decir que se transforman allí unas 70 mil toneladas anuales, de las cuales entre 40 y 50 por ciento son de la propia firma y el resto, provisto por otras maniseras de la ciudad. Y ahora van por un nuevo paso: están testeando la posibilidad de usar las cenizas de cáscara que quedan en el horno para elaborar ladrillos.

Mientras tanto, en Ticino y en Las Junturas, otras dos maniseras siguieron el modelo de Prodeman: Lorenzati Ruetsch montó una planta con capacidad para generar 5 megavatios y Maglione Hnos ya produce 0,5 megas.

Unos kilómetros más al sur, en Río Cuarto, Bioeléctrica es otro ejemplo de integración circular: produce seis megavatios con un biodigestor de estiércol vacuno y vinaza liviana que proviene de Bio4, que fabrica bioetanol.

Otro insumo son unos dos mil litros mensuales de aceite usado en freidoras de restaurantes, de estaciones de servicio y de hogares que se recolectan en 11 puntos “sustentables” de la ciudad.

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Como corolario, el digestato (residuo líquido rico en materia orgánica) que sale de las plantas se convierte en una lámina de 180 metros cúbicos de biofertilizante que se aplica en dos mil hectáreas de maíz. «Y otros desechos, reutilizables como alimento, se destinan a Bio 5, que es un feedlot”, comenta Germán Di Bella, socio de Bioeléctrica y de Bio 4.

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