Fortalezas y debilidades frente al fuego

Compartí este articulo!

El Sindicato de Petroleros de Córdoba y la Federación de Expendedores de Combustibles y Afines del Centro de la República donaron a la Provincia 10 mil retoños de árboles nativos para recuperar áreas deforestadas de Córdoba. Son ejemplares de orco quebracho, algarrobo, molle, tala, manzano del campo, jarilla, mistol y piquillín, producidos en el vivero que el gremio tiene en Capilla del Monte.

La donación se informó justo cuando se abría un debate entre especialistas y autoridades respecto del plan de restauración para las más de 40 mil hectáreas que se quemaron en agosto, sobre todo en el noroeste provincial y en Punilla. Sería deseable que una cosa no se confundiera con la otra.

Más allá de algunas críticas puntuales –que han sabido apuntar a cierta desatención presupuestaria de los cuerpos de bomberos–, hay consenso en que las fortalezas del Plan de Manejo del Fuego de Córdoba están concentradas en el combate contra las llamas. Pero sus debilidades serían dos: las medidas de prevención y los planes de restauración.

En una reciente reunión virtual, la Secretaría de Ambiente escuchó la opinión de unos 65 representantes de grupos ambientalistas, académicos, de investigación y de diferentes organismos públicos provinciales y nacionales.

Publicidad

Para casi todos, reforestar sectores quemados es lo último que hay que hacer. Lo primero debiera ser la conservación del suelo: no pisarlo, evitar cualquier tipo de erosión –sobre todo, por circulación de personas y de ganado–, así como la instalación de especies exóticas invasoras. No sólo porque el suelo queda muy dañado y necesita un tiempo para recomponerse, sino porque también es necesario observar el posible rebrote de algunas plantas.

Además, hay un elemento que no se ha valorado correctamente en estos años: ¿qué sentido tiene reforestar casi de inmediato un lugar que se quema periódicamente?

Todos los años asistimos, impotentes, a la quema de miles de hectáreas. Una temporada de incendios puede ser más terrible que otra, pero sabemos que inevitablemente ocurrirá. Hace un par de años, un informe nacional estimó que entre 2007 y 2016 se quemaron 100 mil hectáreas de bosque nativo cordobés. Pero, si se suman pastizales, campos agrícolas o áreas forestadas con especies no autóctonas, la cifra llegó a 750 mil hectáreas. Un promedio, entonces, de 75 mil hectáreas por año.

La conservación del medioambiente requiere algo más que fondos, compromiso y gestión estatal, amén de responsabilidad ciudadana: demanda planes de prevención. ¿Cuántas veces, en los últimos años, hemos visto que el fuego devoraba las mismas zonas de La Calera, Tanti, Vaquerías o el cerro Pan de Azúcar, por poner unos pocos ejemplos?

En consecuencia, en el programa de restauración de las áreas quemadas, la reforestación debiera figurar en la última etapa. Mientras tanto, habría que seguir sumando actores de la sociedad civil y del Estado, empezando por las comunidades serranas, que suelen ser las más afectadas, para reducir los riesgos de incendio y potenciar el control.

NEWSLETTER 9AM

De lunes a viernes, la selección de nuestros editores de la información más relevante para cada jornada.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 9/09/2020 en nuestra edición impresa.

Publicidad

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: