Violencia que destruye

Cada vez son más frecuentes los actos de violencia que ocurren en nuestra sociedad. Por medio del uso de la fuerza, algunos pretenden imponer sus ideales y tratan de conseguir un fin determinado. Hay casos en que, para lograrlo, usan la fuerza física; en otros, la violencia psicológica.

Todos causan un perjuicio que suele afectar mentalmente a quienes lo padecen. Es este tipo de violencia el que aparece de una manera especial en estos días y puede dejar marcas en aquellos que la sufren.

Es la violencia que algunos ejercen a través del insulto, arremetiendo de manera verbal contra aquellos a quienes de manera intencional quieren descalificar y humillar. Violencia que si no se logra frenar a tiempo puede derivar en otras manifestaciones de agresión, que muchos de nosotros no quisiéramos que ocurrieran.

Sabemos muy bien que, lamentablemente, la violencia genera violencia. Como sociedad, necesitamos recapacitar y entender que el insulto puede llevarnos a un enfrentamiento inútil.

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A través del insulto, también se genera otro tipo de violencia, que es la violencia de género, la que por medio del lenguaje desvaloriza a la mujer y atenta contra su integridad, su dignidad y su libertad.

En la Biblia, el profeta Habacuc le dice a Dios: “¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas”. (Habacuc, 1:3). Como solemos decir, la historia se repite.

Desde siempre, los seres humanos han ejercido violencia unos contra otros y se produjeron entre hermanos calamidades, destrucción y sufrimiento, tal como dice el profeta.

En esta época, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de corregir errores que se vienen cometiendo desde hace tiempo. Corrección necesaria que se concretará cuando individualmente procuremos restaurar los valores y principios morales que como sociedad hemos perdido.

Para ello, es necesario un cambio de vida. Ese cambio es el que ofrece Jesús cuando entra al corazón humano produciendo una transformación total en su vida. El encuentro con Él establece el verdadero cambio. Él es el que libra de toda violencia y pone su paz en quien está dispuesto a recibirlo. Encontrarse con Cristo es encontrarse con la paz. Cuando Él se hace presente, toda violencia desaparece. Dios te bendiga.

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*Pastor evangélico

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 8/09/2020 en nuestra edición impresa.

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