Blangino: del galpón de 25 metros cuadrados a la mayor fábrica de mosaicos del mundo

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El próximo miércoles 9 de septiembre, Juan Bautista Norberto Blangino celebrará sus 80 años. Las medidas de aislamiento social por la pandemia de Covid-19 impiden un festejo como la ocasión merecería, pero Blangino no duda: “Algún vinito vamos a tomar”.

Más allá de que alcanzar esa edad con buena salud es un motivo de festejo per se, este empresario cordobés alzará la copa para brindar por algo que no figuraba en sus sueños cuando arrancó a producir mosaicos hace medio siglo: haber montado en Monte Cristo la mayor fábrica de estos productos del mundo.

Esta historia comienza en 1966. Por aquel entonces, Blangino trabajaba como operario en la fábrica de automóviles Industrias Kaiser Argentina (IKA, hoy Renault), pero su objetivo de vida era ser emprendedor.

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La oportunidad llegó gracias a su tío Bartolo, quien le regaló una máquina para elaborar mosaicos en forma casera. Fue entonces que construyó un galpón de 25 metros cuadrados en el terreno de su casa, en el que comenzó a trabajar junto a su primera esposa durante los fines de semana, con una capacidad de producción de 20 metros cuadrados (m2) por día. 

“Hacíamos mosaicos los sábados y los domingos. Los primeros clientes fueron mis compañeros de Renault. Luego, el primer salto grande fue cuando Astori hizo un barrio para sus empleados de los ladrillos Palmar y fabricamos los pisos para varias casas”, rememora Blangino. 

INICIOS. Blangino junto a su primera esposa, en la pequeña planta donde producían los fines de semana. (Gentileza Blangino)

De a poco fue creciendo e incorporando personal: a fines de la década de 1970 ya eran 35 operarios y, de la mano de un crédito, logró comprar la primera prensa semiautomática para producir 50 metros cuadrados por turno, lo que lo obligó a mudarse a un nuevo galpón.

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Ya en 1980 llegaría la primera máquina importada de Italia y el ritmo de expansión se aceleraría. 

EMPRENDEDOR. Trabajadores de Blangino en una de las primeras plantas de la empresa. Al fondo a la izquierda se observa la imagen de Juan. (Gentileza Blangino)

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En 1996, la planta de Monte Cristo alcanzó una capacidad de producción de 8.500 metros cuadrados diarios, que en 20 años volvió a multiplicarse hasta los 14 mil m2 actuales.

Como para tomar dimensión, significa que si la firma pusiera en marcha todas sus máquinas a su máxima capacidad instalada, podría poner los pisos en una manzana y media por día. 

Según Gustavo Gómez, gerente general de Blangino, los proveedores italianos de los equipos aseguran que no hay una fábrica de mosaicos con estas dimensiones en otra parte del mundo. 

EMPRESARIO. Blangino, caminando al frente de uno de los galpones donde produjo mosaicos. (Gentileza Blangino)
HISTORIA. Así lucía uno de los primeros galpones productivos que tuvo Blangino. (Gentileza Blangino)

Las instalaciones ocupan nueve hectáreas y emplean a 350 personas. Además de Argentina, los productos de Blangino llegan a Paraguay, Uruguay, Chile, Bolivia y el año pasado debutaron en Australia

Empuje emprendedor

Blangino sostiene que estos éxitos se consiguieron por la apuesta a la innovación tecnológica y a reinvertir todo lo que la compañía iba generando.

“Algunos dicen que nunca hay que poner los huevos en la misma canasta, y esto es justamente por haber apostado a invertir e invertir adentro de la fábrica. Muchos me preguntaron: ¿Por qué no te comprás un campo? Y mi respuesta fue que yo no vivo de eso, yo vivo de hacer mosaicos”, remarca.

CONSTRUCTOR. Juan Blangino en 2012, en una entrevista con La Voz. (LA VOZ/Archivo)

Como muchas empresas que tienen más de medio siglo de vida, ha debido enfrentar numerosas crisis económicas. Pero también sectoriales: por ejemplo, la “invasión” de los pisos cerámicos importados que ocurrió a principios de la década de 1990.

“Nos decían que con los cerámicos los mosaicos iban a desaparecer, pero de entrada supimos que la vida útil de nuestro producto era mucho más larga y que por ello iban a seguir siendo elegidos”, afirma Blangino.

DURADERO. Según Blangino, el diferencial del mosaico a favor del piso cerámico es su vida útil. (Gentileza Blangino)

Es lo que entendieron, por ejemplo, las grandes cadenas de supermercados, que hoy son los principales clientes privados de la compañía.

La otra gran pata del negocio son las obras públicas: veredas y edificios como hospitales y escuelas.

Otro factor que distingue a la compañía, en palabras de Blangino: “En 54 años, esta fábrica, la única vez que paró fue el día que murió mi padre”.

CAPACIDAD. En Monte Cristo, Blangino puede fabricar hasta 14.000 metros cuadrados por día. (Gentileza Blangino)

Gómez agrega que el don de liderazgo del empresario ha sido clave para mantener siempre a la compañía activa y en crecimiento. 

“En 2001 el país estaba prendido fuego y de un mes de ventas que normalmente eran 200 mil metros cuadrados, pasamos a menos de 50 mil. Se cortó la cadena de pagos de repente y Juan tuvo que cubrir los cheques con recursos propios. Se paró al frente de todos los empleados y nos dijo que si alguno se sentía con más capacidad que él, que no tenía problemas en volver a agarrar la pala y trabajar. Terminó con un aplauso histórico, de todos apoyándolo”, rememora Gómez.

DIMENSIÓN. La planta ubicada en Monte Cristo ocupa nueve hectáreas. (Gentileza Blangino)

Agrega que algo parecido sucedió el 19 de marzo pasado, cuando se anunció la cuarentena y nadie sabía qué iba a pasar en las semanas siguientes.

“De nuevo asumió su liderazgo con simpleza. Nos dijo que el principal objetivo iba a ser pagarle a la gente. Había un stock de materiales sin vender, se comercializó y con eso se pagaron los salarios. También la reunión terminó con aplausos”, enfatiza Gómez.

Como muestra sobra un mosaico: Juan Bautista Norberto Blangino sigue yendo todos los días a la planta y se la pasa observando las máquinas y resolviendo problemas, pese a que está a horas de celebrar sus 80 años. 

FAMILIA. Juan Bautista Blangino, al centro, junto a sus hijos José Antonio y Juan José. (Gentileza Blangino)

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