Gatillo fácil: los 10 puntos oscuros del crimen de Blas

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La investigación por el crimen policial de Valentino Blas Correas (17), ocurrido hace un mes, lejos está de haber ingresado en su etapa final. Pese a las nuevas imputaciones ordenadas por el fiscal José Mana durante la semana pasada, y que ahora son nueve los policías acusados por diferentes delitos en este caso, la familia del joven asesinado y los abogados del resto de los adolescentes atacados a tiros en la madrugada del 6 de agosto todavía plantean una larga serie de puntos sin resolver.

1. Quién los mandó

En ese sentido, a la familia le llama la atención que aún en la causa judicial que lidera el fiscal José Mana no se haya identificado quién era aquella noche el jefe de ese grupo de policías en moto. O sea, a quién o a quiénes respondían estos agentes, y si actuaron bajo alguna orden superior o si directamente lo hicieron por su cuenta.

2. “Policía médico”

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Cuando el Fiat Argo fue frenado por policías en moto en la esquina de Chacabuco y Corrientes, el conductor buscaba llegar a un hospital para intentar que los médicos le salvaran la vida a Blas, que iba malherido en el asiento trasero. Los policías no sólo que le impidieron continuar para que buscara asistencia, sino que obligaron al joven a frenar el vehículo y allí mismo lo maltrataron, tras bajarlo del rodado.

“Un policía, que yo no sabía que era médico, decidió que mi hijo no iba a vivir”, cuestionó con ironía la mamá de Blas. Soledad pide que se identifiquen a todos los uniformados que le negaron a su hijo la posibilidad de llegar a un hospital.

3. Grave demora

El fiscal José Mana fue anoticiado del crimen de Blas al menos 40 minutos después de que los policías hubieran detenido el Fiat Argo con el joven fallecido en el asiento trasero.

Durante casi una hora, numerosos agentes de la fuerza de seguridad, de distintas jerarquías, recorrieron la escena del crimen y también revisaron el auto de los jóvenes, sin ningún control judicial. El martes pasado, en una entrevista, el jefe de Policía, Gustavo Vélez, reconoció: “No pueden hacerlo. Tienen que delimitar el perímetro y no tocar nada hasta que llegue la Policía Judicial. Sin lugar a dudas, en este caso hay muchas cosas que nos cuestionamos”.

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4. Cantidad de imputados

“Hay al menos 50 policías involucrados”, dijo Soledad Laciar, la mamá de Blas, cuando le preguntaron si estaba conforme con las nuevas imputaciones dictadas por el fiscal José Mana el martes último. La mujer advierte que en la madrugada en la que asesinaron a Blas llegaron no menos de 20 patrulleros a la escena del crimen (dos policías por cada móvil), en la avenida Vélez Sársfield frente al instituto Pablo Pizzurno; que las conversaciones registradas en el 101 fueron simuladas, y que en la propia Jefatura de Policía durante esas horas se montó todo un operativo para intentar encubrir lo que acababa de suceder. Por eso, subraya que hay más policías involucrados.

5. El motociclista no identificado

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Es, tal vez, uno de los datos centrales. Los policías que mataron a Blas aseguran que ellos dispararon porque por la frecuencia policial les habían avisado que en un control de Vélez Sársfield y Circunvalación un joven en moto había denunciado a los ocupantes del Fiat Argo tras un encontronazo que habían tenido minutos antes por una mala maniobra del conductor del auto. Esa supuesta denuncia del motociclista no figura en ningún lado, lo que termina por derrumbar la teoría de que los ocupantes del Argo fueron tomados como “sospechosos” por los policías que les dispararon. De manera llamativa, hasta hoy el motociclista no fue identificado en la investigación.

6. El montaje en Jefatura

Cuando Soledad y Juan, el hermano de Blas, llegaron aquella madrugada a Chacabuco y Corrientes, los policías no los dejaron acercarse al auto en el que aún estaba Blas adentro. Sin decirles qué había sucedido, los obligaron a ir a Jefatura.

Allí se toparon con un grueso cordón policial en el perímetro (alguien ordenó que se formara de apuro a esa hora) y tuvieron grandes dificultades para ingresar, ya que aducían normas de “protocolo por Covid-19”. El papá de Blas se desmayó allí.

Denuncian que no apareció nadie de la Policía para contenerlos y explicarles lo sucedido, pese a que desde la fuerza se asegura que tienen un equipo interdisciplinario especial para contener a víctimas de delitos y a sus familiares. “Durante horas, yo creí que a mi hijo lo habían matado ladrones”, diría después Soledad. Aún no hay responsables identificados por haber montado ese operativo en la Central de Policía ubicada en la esquina de Colón y Santa Fe, de la ciudad de Córdoba.

7. Tortura psicológica

Mientras la madre de Blas pugnaba por ingresar en Jefatura, en una de las oficinas de los pisos superiores el conductor del auto, de 18 años, y su novia de 16, eran interrogados por policías, pese a que no estaban acusados de ningún delito y sin ningún abogado. Durante una hora, los adolescentes escucharon todo tipo de señalamientos, hasta que una allegada a ellos, que trabaja en Tribunales, logró ingresar a los gritos y pedir que cesaran con esa conducta policial. Los jóvenes indicaron que los policías les decían que Blas había muerto por culpa de ellos. Estos uniformados tampoco fueron identificados hasta ahora.

8. El revólver “plantado”

Ya no hay dudas de que los policías arrojaron esa madrugada un viejo revólver para intentar incriminar a los jóvenes del Fiat Argo, tras los disparos. Oxidado y roto, el arma no tiene ninguna numeración visible. La Justicia ignora la procedencia y si pudo haber salido del armamento secuestrado por la propia fuerza.

9. Informe forense

En el expediente judicial, aparece un informe de una página, firmado por el forense, en el que este indica que Blas murió por un “traumatismo de tórax” (no se especifica balazo alguno) y no se consigna la hora de la muerte. Hoy, un mes después, no hay ningún registro oficial que le indique a la madre de Blas a qué hora murió su hijo.

10. Silencios que no explican

A un mes del homicidio, no llega una explicación razonable sobre el motivo por el que los policías Lucas Gómez y Javier Alarcón (los que dispararon contra el Argo) estaban esa noche activos y armados en un control, pese a que ambos ya estaban imputados por otros delitos. Gómez tiene que ir a juicio acusado de encubrir a un violador serial en 2017, mientras que Alarcón está imputado de lesiones leves en un control en 2013. Al respecto, el jefe de Policía Gustavo Vélez dijo que fue responsabilidad del Tribunal de Conducta Policial, que depende del Ministerio de Seguridad. Desde el ala política, no hubo ninguna contestación sobre este punto, que es medular en este caso. En la fiscalía, aún no avanzaron en responsabilidades funcionales por haber levantado la situación pasiva a estos dos policías. La mamá de Blas volvió a insistir que esperó algún gesto del gobernador Juan Schiaretti, que durante este tiempo no llegó, ya que hasta ahora el mandatario provincial nunca habló de manera pública sobre este caso.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 6/09/2020 en nuestra edición impresa.

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