Empleo: pandemia y los desafíos de un futuro inclusivo

Es verdad que de muchas crisis salieron grandes mejoras, grandes cambios e innovaciones, pero ¿qué aprendizaje nos está dejando esta pandemia? 

Lo primero: nos hizo notar que hay otras formas de hacer nuestras tareas cotidianas, que hay herramientas tecnológicas que nos ayudan a acercar distancias, a reunirnos y a trabajar en forma colaborativa como nunca nos hubiéramos imaginado; incluso, para algunos, fue un viaje al futuro y, para otros, un desafío que aún no logran terminar de comprender. 

Lograr capitalizar estas oportunidades no es para todos. Pensemos en un mercado laboral diverso, con muchos operarios de diferentes rubros que hoy están suspendidos o que no pueden trabajar con normalidad. 

Pensemos también en todas las pymes que cerraron y, tal vez, en muchas con personal que no han tenido la posibilidad de formarse ni de adquirir nuevas habilidades para encontrar rápidamente una nueva fuente de trabajo. 

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Ergo, hablar de una nueva normalidad a la que sólo una porción del mercado de trabajo se puede adaptar resulta, al menos, una suerte de desconsideración hacia muchas personas que hoy ya están desempleadas. 

Y no olvidemos que muchas empresas van a superar esta situación, pero agotando hasta sus últimos recursos, quedando con poca fuerza laboral, con escaso capital financiero, con baja capacidad de invertir y con mucha incertidumbre. 

Esto ya lo vivimos en 2002, cuando el desempleo superó el 20 por ciento y sólo se requerían perfiles de mayor especialización. En esa oportunidad, el Estado salió a resolver la situación social con planes, pero que no ayudaron a progresar a nadie; por el contrario, los inmovilizaba. 

Lo cierto es que el Estado debería acompañar con planes, pero de trabajo, de desarrollo, de crecimiento, en definitiva, con planes que se comprometan con el futuro de los argentinos y de sus familias. 

El verdadero motor del empleo es el sector privado, que no sólo construye valor en las personas, sino que también las profesionaliza, les genera aspiraciones, les permite soñar con un futuro para ellos y para sus familias; es allí donde el Estado debe acompañar de manera radical, decidida, asumiendo riesgos, apostando a las empresas, y sobre todo confiando en las pymes.

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Esta pandemia no nos deja una nueva normalidad, en realidad nos deja desafíos. Nada vino para quedarse, todo es dinámico. Dejemos las frases armadas y los discursos políticos a un lado y nos hagamos cargo porque de esta crisis se sale trabajando, produciendo, respetando y apoyando a los generadores de empleo, pero, sobre todo, siendo co-creadores una nueva realidad que incluya a todos.

* Director de Poncio SA

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