Gatillo fácil: un disparo a quemarropa, clave

Compartí este articulo!

Era un “aguante” más. Así se denomina en la jerga policial a la tarea de esperar el tiempo que sea necesario en la calle a uno o más sospechosos de un delito.

El “aguante” aquella noche parecía simple. Los policías de civil de la brigada de Investigaciones de la Departamental San Martín estaban investigando un robo simple ocurrido en una casa de Alta Gracia.

Nada de un golpe comando, nada de un asalto con rehenes, nada de un ataque con víctimas. No. Había sido un robo a una casa sin moradores, de donde se habían llevado, entre otros objetos menores, un bote inflable.

Los investigadores habían obtenido un dato: el supuesto auto en que se movilizaban los sospechosos.

Publicidad

Con esa información, fueron a buscarlo a un lugar donde iban siempre: el barrio Paravachasca, al norte de esa ciudad, un sector usado muchas veces como vía de escape o de tránsito por algunos ladrones. El propio jefe de investigaciones comandaba todo aquel lunes pasado a la noche.

Las cosas terminarían de la peor manera: uno de los investigadores terminó matando de un balazo, con su arma reglamentaria, a un hombre sospechado de tener cosas robadas y que se encontraba desarmado. Sucedió tras una persecución callejera.

Luis Adrián Morenigo tenía 36 años y algunos antecedentes penales. Murió de un balazo que le dio en el cuello. El disparo fue a quemarropa. El arma le fue apoyada en el cuello. De allí la marca de ahumamiento que detectaron los forenses.

Desde el lunes último, el sargento primero Juan Marcelo Barrionuevo (42) permanece preso. El fiscal Diego Fernández lo imputó por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por su condición de policía.

¿Y cómo fue que un ‘aguante’ por un simple robo terminó tan mal?

Publicidad

Aquella noche, había por lo menos dos autos con investigadores cerca del domicilio donde estaba el auto buscado.

De pronto, según la causa, una mujer y un hombre (Luis Morenigo) salieron de la vivienda, abordaron el coche y aceleraron.

En esas circunstancias, el comisario a cargo habría dado el alerta de que los “sospechosos” se iban a “toda velocidad”.

Publicidad

Fue entonces que entró en acción el segundo auto de la brigada. El coche era manejado por el sargento primero Barrionuevo. Al parecer, habría habido una persecución primero en auto y luego corriendo en un descampado (unos 150 metros).

El policía de civil dio finalmente con Morenigo, quien no estaba armado. Hubo al menos tres disparos, según testigos. Todos, se cree, del suboficial. El sargento y el hombre rodaron por el piso. En esas circunstancias, Morenigo terminó muerto.

Cuando arribaron los demás policías, en medio de la oscuridad, el sargento les dijo que había existido un forcejeo y una resistencia por parte del hombre.

Todo sucedió a las 20.35. A las 20.55, el fiscal ya había sido anoticiado. Esta vez, y a diferencia de los otros hechos de supuesto gatillo fácil, los policías informaron todo por frecuencia y alertaron al fiscal.

Por haber investigadores locales en medio de esta historia, el fiscal convocó a trabajar a investigadores de Homicidios de la Dirección de Investigaciones de Córdoba capital.

Varias cosas espera Fernández para avanzar en la causa. Además del análisis de los testimonios de testigos y de los policías que estuvieron esa noche, aguarda los resultados forenses y los peritajes balísticos.

Trata de confirmar si se trató de un claro homicidio agravado o bien de un exceso policial (un hecho imprudente). De todos modos, hay dos elementos centrales: el disparo fue a quemarropa y el fallecido estaba desarmado.

El defensor del efectivo, Oscar Zárate, insistió en que no se trató de un caso de “gatillo fácil” y remarcó que el sargento debería ser sobreseído, al considerar que actuó en legítima defensa. Indicó a la prensa que Morenigo había intentado sacarle el arma reglamentaria.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 5/09/2020 en nuestra edición impresa.

Publicidad

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: