Retratos del pasado: el Estado italiano, versión violenta

Cierto día, una llamada anónima informó a las fuerzas italianas de seguridad (también podría utilizarse la expresión “fuerzas de seguridad italiana”, pero sería de azarosa utilidad), que operaban en Calabria contra la Ndrangheta que en el Palacio de Tribunales de la región “había una sorpresa para el fiscal Giuseppe Pignatone”.

La sorpresa era una bazuca, dejada, con alarde de audacia e impunidad, muy cerca del despacho del magistrado.

La Ndrangheta integra, con la Mafia de Sicilia, la Camorra de Nápoles y la Sacra Corona Unita, que reina en la Puglia, una gigantesca corporación que blanquea anualmente en la economía legal cientos de millones de euros.

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Se trata de enormes recursos que recauda mediante la extorsión, el tráfico de drogas, el contrabando, la trata de blancas, el asesinato por encargo, la asociación compulsiva con las empresas que se adjudican la inmensa mayoría de las obras públicas en la región de la Puglia, el reciclado de acciones bursátiles y títulos robados y, faltaba más, dineros provenientes de robos, extorsiones, asaltos, falsificaciones y otras amenidades.

Un solo negocio, casi inimaginable, es la explotación de los africanos que huyen de Africa y desembarcan en Italia en busca de un presente menos aterrador: más de mil millones de euros anuales.

Millones

El holding virtual de organizaciones criminales ya ha sobrepasado al Grupo Fiat como el más importante conglomerado económico de Italia (algo así como cerca del 2,5 por ciento del producto interno del país).

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La Guardia de Finanzas –policía militarizada que combate los delitos económicos– y los carabineros, apoyados por tropas del Ejército, lanzan periódicas ofensivas generalizadas para destruir el enorme poder acumulado en las prósperas economías legal y subterránea del Bel Paese.

Los resultados obtenidos por las llamadas “fuerzas del orden” suelen ser algo deprimentes.

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De todos modos, en algunos años se logran algunas capturas espectaculares, como la de Pasquale Manfredi, uno de los capos de la Ndrangheta y número cantado en cualquier quiniela sobre los 20 criminales más peligrosos de Italia.

Curiosamente, cayó por su adicción a Facebook, que frecuentaba obsesivamente cada día.

Armas pesadas

Manfredi también era adicto a la bazuca y al fusil de asalto Kalashnikov

La bazuca ofrendada al fiscal Pignatone pertenecería casualmente al arsenal de Manfredi, pues era una de sus armas favoritas.

Por ejemplo, la utilizó en octubre de 2004 para eliminar a Carmine Arena, jefe de un clan rival, y en diciembre de 2005 para sacar de circulación a otro egregio cavaliere: Pasquale Tibaldi.

Las fuerzas de seguridad no exageraban cuando lo describían como un asesino “frío y cruel”, porque para exterminar al tal Carmine, lo demolió con varios bazucazos dentro de su automóvil blindado, tras lo cual sacó al moribundo capo de la calcinada chatarra y, a modo de extremaunción, le dispensó una ráfaga de otra de sus armas preferidas: el fusil de asalto Kalashnikov.

Grandes números

El crimen paga, acéptese alguna vez la realidad tal como es.

La mafia es un negocio archimillonario.

Según el 11º informe anual “Le mani della criminalità sulle imprese”, de la organización no gubernamental SOS Impresa-Confesercenti, los ingresos anuales del holding delictivo sobrepasan los 130 mil millones de euros, libres de impuestos, naturalmente, y ya es una de las corporaciones más poderosas de Europa.

Esa suma equivale a un giro de negocios de 250 millones de euros por día o más de 10 millones por hora o 160 mil por minuto, y con ganancias netas que superan los 70 mil millones de euros cada 12 meses, deducidos los gastos en aviones y helicópteros, camiones y automóviles, barcos y lanchas, sicarios y jueces venales, sobornos pagos a abogados propios y de las contrapartes, políticos y asociados, y también armamentos, faltaba más.

Sólo en el sector comercial, factura 92 mil millones de euros, equivalentes al seis por ciento del producto interno bruto (PIB) de Italia.

Multinacional de la usura

Uno de los rubros que crecen con mayor pujanza es el de la usura, que desangra a unos 180 mil comerciantes, y también ofrece amplias perspectivas de crecimiento la falsificación de ropas, calzados, relojes y marroquinería de primeras marcas mundiales.

Como las mejores multinacionales, la mafia realiza las falsificaciones en Asia y África, donde paga salarios de hambre, producción que es introducida y distribuida en el continente europeo.

Desde el bar más modesto hasta las multinacionales más poderosas, todos deben pagar el impuesto mafioso para mantenerse activos en Italia, y se dan los casos de grandes corporaciones que deben resignarse y aceptar a organizaciones mafiosas como socios capitalistas de sus megaempresas.

Métodos de disuasión

Quizá el más curioso método de extorsión sea el que aplicó durante años Antonio Cristofaro, boss de Nápoles, apresado el 23 de septiembre de 2009, que criaba en la terraza de su casa a un cocodrilo de 1,1 metros de largo.

Habitualmente lo alimentaba con ratas y conejos vivos, pero, activo gourmet, podía incluir en ese menú alguna otra gourmandise.

Por ejemplo, si un comerciante resistía el pago del canon que se le había fijado, era invitado –habitualmente con el caño de una Glock clavado en la nuca– a subir a la terraza de la residencia del capo, para admirar la habilidad del bicho, que capturaba en el aire a conejos y ratones vivos y los devoraba en medio de estremecedores crujidos de huesos triturados, sonidos que hacían perder el sueño y el apetito al invitado renuente a cumplir con sus obligaciones tributarias, por más ilegales que fueren.

Como al pasar, mientras se contemplaba el refinado espectáculo, los guardaespaldas del boss recordaban al comerciante, a esa altura de la exhibición, exresistente, el pago del canon mafioso, porque el cocodrilo era, casualmente, el encargado del cobro de la particella y que nada le irritaba más que los deudores morosos, quienes, como último aviso, podían dejar en sus fauces un brazo o una pierna, como seña a cuenta de mayor cantidad.

Apenas contemplado el trágico destino de conejos y lauchas del último aviso, el comerciante retobado, que, entre temblores y sudores de terror, ya llevaba perdidos en esa instructiva exhibición del nuevo orden económico italiano unos cinco kilos de peso, volaba a rastrillar sus cuentas bancarias, su negocio central, sucursales y franquicias y en su casa, y hasta en las alcancías de sus hijos cuanto euro lograra encontrar para cancelar lo adeudado. Y si el efectivo recaudado le alcanzaba, pagaba además por adelantado el canon del año siguiente.

Hay 101 probabilidades sobre 100 de que en los inhallables registros contables mafiosos el rubro “Incobrables y otros” permanezca siempre en blanco.

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