La miseria del hombre más rico del mundo, tan grande como su fortuna

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Jeff Bezzos no solamente es el hombre más rico del mundo: desde hace poco más de dos años, es también el hombre más rico de la historia moderna de la humanidad.

Es bastante conocida la historia sobre cuál es el origen de su fortuna: fundó Amazon como una librería que vendía libros físicos online y la transformó en 25 años en el mayor comercio minorista online del planeta. Hoy, no solamente conecta vendedores con compradores, como lo hacen Alibaba o, a menor escala, Mercado Libre, sino que desarrolló centros de distribución y logística, e incluso vende artículos con su propia marca.

Y desde la semana pasada, su CEO y fundador es el primer magnate que logra acumular 200 mil millones de dólares de fortuna personal.

Lo curioso –¿o no tanto?– es que un día después de que se conociera ese dato, hubo manifestantes que enviaron un mensaje nada amigable al megamillonario: instalaron fuera de su mansión en Washington una guillotina.

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Ok, era una representación, no una guillotina real, pero las razones de ese mensaje hay que buscarlas en los crecientes problemas denunciados por la fuerza de trabajo que moviliza semejante monstruo de ventas online.

Al igual que sucedió con otras firmas (Zoom, por ejemplo), la pandemia y los aislamientos sociales que se dieron en prácticamente todas las grandes ciudades del mundo multiplicaron hasta las nubes y más allá las ganancias de Bezos y de su compañía, algo que no parece haber redundado en mejoras sustanciales para sus 935 mil empleados.

Semejante masa de asalariados convierte a aquel proyecto inicial de librería en la web nacido en 1996 en la tercera empresa del planeta en cantidad de trabajadores (solamente detrás de Walmart y de China National Petroleoum), así que no hay que ser un iluminado para entender que, con semejante tamaño, contener reclamos gremiales crecientes no debe ser sencillo.

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Y sumados a problemas que ya se venían ventilando en los últimos años sobre el entorno en el que deben realizar sus tareas, los trabajadores de Amazon alzaron todavía más la voz sobre las condiciones laborales de riesgo durante la pandemia, organizaron varias huelgas y grupos para presionar cambios y hacerse oír. De hecho, en abril hubo dos empleadas despedidas por quejarse por la falta de medidas de protección contra el virus.

Te escucho

Ahora se supo que Amazon sí los escuchó, aunque quizás no en el modo en que ellos hubieran querido: el martes, Vice informó que Amazon ha estado monitoreando docenas de grupos públicos y privados de redes sociales operados por conductores de Amazon Flex (en los EE.UU., el Reino Unido y España, el programa que permite a conductores autónomos ganar ingresos entregando paquetes de Amazon).

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Según Vice, los empleados jerárquicos de Amazon han estado utilizando una herramienta interna de monitoreo de los medios sociales y compilando informes regularmente para vigilar los posteos de los conductores, asignándoles categorías, tales como quejas sobre «malas condiciones de trabajo», links de coberturas negativas en los medios, «planificar cualquier huelga o protesta contra Amazon» e incluso «ser abordados por investigadores para estudios académicos».

Para colmo de males, la empresa de Bezos eliminó este martes dos ofertas de trabajo en las que la descripción del puesto incluía vigilar «amenazas sindicales», lo que sumó leña al fuego de las críticas por el trato a sus empleados.

Las dos ofertas aparecían publicadas en la web de reclutamiento de la compañía para sus instalaciones en Phoenix y bajo el programa de Inteligencia Global de las Operaciones Globales de Seguridad, y la función de los puestos era recabar información sobre posibles amenazas tanto dentro como fuera de la empresa, informó EFE este miércoles.

El hecho de que se nombrasen explícitamente las «amenazas sindicales» fue entendido por activistas y por críticos de la empresa en las redes sociales como una muestra más de la activa oposición por parte del gigante del comercio electrónico a permitir la organización de sus trabajadores.

La descripción de las tareas que debían realizar las nuevas contrataciones también incluía investigar «la financiación y las actividades vinculadas a campañas corporativas, tanto internas como externas, contra Amazon», así como «protestas, crisis geopolíticas y otros asuntos sensibles para los recursos humanos y las relaciones con los empleados».

Tras eliminar las dos ofertas, Amazon aseguró que se trataba de un «error» y que la descripción de funciones para estos puestos «no era exacta». Bastante flojo para la empresa de un millonario cuya fortuna, si fuera un PIB, es comparable con países pequeños, como Grecia o Nueva Zelanda.

Sin contar con lo mísero que resulta invertir en controlar al personal antes que en mejorar las condiciones de esos mismos trabajadores de una empresa que es, desde hace rato, la de mayor valor de mercado en la Bolsa.

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