El envenenamiento de Navalny y los ecos de la Guerra Fría

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Como una cruel ironía del destino, Tu veneno, el hit que abre Natasha, Natasha, flamante documental en Netflix sobre el fanatismo de los rusos por Natalia Oreiro, resuena como un eco.

Pero se trata de veneno real, y que casi mata al opositor al Kremlin, Alexei Navalny, lo que desató una fuerte presión internacional para que Rusia abriera una investigación seria.

Novichok, la sustancia que casi mata a Navalny, remite a la época de la Guerra Fría, pues era parte de un programa de desarrollo de armas químicas.

Se trata, también, del mismo veneno que se utilizó para envenenar en Inglaterra al exespía ruso Serguei Skripal y a su hija Yulia en Salisbury, quienes estuvieron al borde de la muerte en 2018.

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Novichok es un agente neurotóxico mortífero, producto de un programa soviético de armas químicas altamente secreto.

Bastan unos miligramos del líquido inodoro para matar a una persona en pocos minutos. Se puede diluir el agente a la concentración deseada y mezclarlo con una comida o en una bebida, o aplicarlo a superficies o a la ropa.

Los científicos dicen que el agente conserva su cualidad mortífera durante mucho tiempo, aunque sean apenas unas gotas en una jeringa o aplicadas a madera o a tela.

En el ataque en Inglaterra, el químico fue rociado en la puerta delantera de la casa de Skripal después de introducirlo en el país en un frasco de perfume Nina Ricci. Los Skripal pasaron semanas en estado crítico, pero finalmente se recuperaron. Una mujer murió al ser expuesta al frasco, que fue hallado por su novio.

Acusaciones y presiones

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Rusia rechazó enérgicamente las acusaciones de envenenamiento de los Skripal y acusó a Londres y a otros gobiernos occidentales de aprovechar el incidente para fomentar una campaña antirrusa. Asimismo, niega cualquier participación en el reciente caso Navalny.

La canciller alemana, Angela Merkel, dijo que se intentó asesinar a Navalny para acallar a uno de los críticos más vehementes de Putin y reclamó una investigación exhaustiva. “Estas son preguntas muy graves que sólo el Gobierno ruso puede responder y debe responder», dijo Merkel, quien hace equilibrio entre quienes le demandan que solicite explicaciones convincentes a los rusos y quienes le piden mesura por el oleoducto que su gobierno y el Kremlin están construyendo en conjunto.

Por su parte, Rusia exige que Alemania le dé a conocer los datos que respaldan su conclusión de que Navalny fue víctima de un veneno y reclama una investigación conjunta.

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A su turno, el alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Josep Borrell, condenó lo ocurrido y pidió una «acción internacional conjunta». 

En tanto, mientras España reclamó una “investigación exhaustiva”, desde Washington se afirmó que el gobierno de Donald Trump “está muy preocupado”.

Rechazo

“No hay razones para acusar al Estado ruso» del envenenamiento, dijo el vocero de Putin, Dmitry Peskov. Moscú espera que Berlín le dé información que le ayude a investigar la causa de la enfermedad de Navalny, sostuvo, antes de añadir que los médicos rusos en Siberia, adonde llevaron a Navalny cuando se enfermó el 20 de agosto, no encontraron rastros de veneno.

Serguei Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Extranjera ruso, dijo que no se puede descartar que las agencias de Inteligencia occidentales envenenaron a Navalny como acto de provocación.

Historia del Novichok

La Unión Soviética empezó a diseñar una nueva generación de armas químicas en la década de 1970 para contrarrestar el armamento químico de Estados Unidos.

Los líderes soviéticos querían el equivalente de las armas binarias estadounidenses: los componentes eran relativamente inofensivos, pero se volvían mortíferos al ser mezclados, lo que facilitaba su manipulación en comparación con las armas químicas habituales.

Si bien los venenos de la clase Novichok eran letales, el programa tuvo logros parciales, ya que algunos de los componentes eran tan tóxicos como los agentes neurotóxicos de uso militar.

La conducción soviética finalmente dejó de interesarse por las armas químicas. Los agentes de clase Novichok fueron fabricados en pequeñas cantidades. Uno de los científicos del programa, Vladimir Uglev, calcula que se fabricaron unos 100 kilos.

Los expertos rusos que trabajaron en esos agentes dicen que tal vez no será posible determinar el origen del agente neurotóxico.

Para determinar cuál es el laboratorio que produjo una muestra determinada de Novichok, es necesario hallar una muestra idéntica del mismo lote, lo cual es imposible.

Acusada de envenenar a los Skripal, Rusia dijo que Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países occidentales poseían los conocimientos necesarios para fabricar el agente neurotóxico y que el Novichok utilizado en ese caso pudo provenir de ellos.

El centro de investigaciones soviético que diseñó los agentes de clase Novichok se encontraba en Sijany, en el sudoeste de Rusia. Era una de las “ciudades cerradas”, aislada por la KGB. Las grandes instalaciones alojaban depósitos de sustancias químicas y un campo de tiro militar donde se ensayaron agentes neurotóxicos durante toda la Guerra Fría.

También se realizaron investigaciones relacionadas con el Novichok en un centro en Moscú, que enviaba muestras a otros laboratorios de la Unión Soviética.

A pesar del desmantelamiento de los arsenales químicos rusos después del derrumbe soviético –realizado bajo supervisión de Estados Unidos–, los científicos que participaron del programa dicen que no se puede descartar que algunos empleados de los laboratorios sintieran la tentación de vender sustancias tóxicas en medio del caos económico y político de la década de 1990.

Moscú dijo en 2017 que había completado la destrucción de 40 mil toneladas de armas químicas restantes de la era soviética, un trabajo realizado a lo largo de dos décadas bajo estrecha supervisión internacional.

Los agentes de clase Novichok no fueron mencionados inicialmente en la Convención sobre Armas Químicas, un documento internacional que proscribió ese armamento.

El año pasado se los agregó a la lista de sustancias químicas que requieren verificación especial bajo las cláusulas del tratado. Esto se hizo a raíz del ataque de 2018 en Salisbury y fue la primera vez que se actualizó la lista.

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