Martín Desalvo: «Filmar en la selva misionera fue estimulante»

Periodista: “El silencio del cazador” se rodó en plena selva misionera. Calor, mosquitos, ¿de veras lo pudo disfrutar?

Martín Desalvo: ¡El clima, la lluvia, los traslados, las comunicaciones por celular, el acceso a las locaciones! Entrar a la selva con 20 o 30 personas, cámara, luces, es bien complejo. Teníamos un gran desafío ya que el plan de rodaje era intenso y lo complicaban muchas variables. Pero el equipo técnico fue un sueño hecho realidad. Eso permitió que las tremendas exigencias del rodaje se vivieran con la mejor de las actitudes.

P.: ¿Cómo nace la historia?

M.D.: Un día leí que a un guardaparques sudafricano le habían dado carta blanca para matar cazadores furtivos. A los pocos días, la noticia de los guardaparques nacionales pidiendo portación de armas frente al creciente peligro de su trabajo. Se lo comenté a Francisco Kosterlitz, con quien estábamos elaborando otro guión, y decidimos investigar en profundidad. Viajamos varias veces a Misiones, que es la provincia con más superficie protegida, convivimos con guardaparques y miembros de las diversas comunidades, ahí empezó a surgir un mundo particular, de realidades distintas y verdaderas luchas de poder. Durante tres años fuimos desarrollando 14 o 15 versiones del guión, siempre atentos a crear una historia creíble, que atrape al espectador y lo tenga sentado al borde de la butaca. Y que tenga un gran elenco.

P.: ¿Cómo convencieron a Echarri de ir a filmar a la selva?

M.D.: Mora Recalde, además de gran actriz es directora de casting. Ella me propuso convocarlo. Y a él, por suerte, le encantó el guión apenas lo leyó y decidió subirse al proyecto. Así que decidimos ir por más. Entre todos surgió la idea de que Alberto Ammann fuera “el polaco”, y sin vacilaciones me tiré a la pileta y lo convoqué. Por suerte él también se enamoró de su personaje y aceptó. Lo mismo César Bordón, Cristian Salguero y Mercedes Muñoz. Para los secundarios, que debían ser misioneros, hicimos una gran búsqueda de casting local con la ayuda de mi asistente de dirección Matias Juañuk y la directora de casting misionera. Las actuaciones son fundamentales, porque son lo que el público más valora en el momento de conectar con una historia.

P.: En televisión, desde “Mujeres asesinas” hasta “Malicia”, y en cine, desde “Las mantenidas sin sueños” hasta “Unidad XV”, usted ha contado con excelentes intérpretes, a veces de personalidad fuerte. ¿Conviene dirigirlos, o inducirlos?

M.D.: Dirigir es lograr un entendimiento mutuo que permita obtener lo mejor de cada intérprete. En “El silencio…” tuvimos un trabajo previo con un coach de acento que les hacía practicar los diálogos. Eso también les daba herramientas para entender las conductas de sus personajes. Tuvimos trabajo “de mesa”, y luego una gran ventaja: estar seis semanas “inmersos” en el único hotel de la zona. Lo único que hacíamos era ir del rodaje al hotel, donde seguíamos pensando en las escenas por filmar. Nuestra única preocupación era esa. Además, el solo hecho de internarse en la selva predispone de un modo especial.

P.: Tanto, que hasta convencieron al jurado de Málaga. ¿Qué viene ahora?

M.D.: Será la única película argentina en competencia en el Festival de Gramado. Mientras, estoy terminando con Andrés Tambornino el montaje de “El ciego”, historia libremente basada en un cuento de Horacio Quiroga, que también filmé en Misiones, con un grupo de intérpretes y técnicos locales. De acá solo fueron Jazmín Esquivel, la protagonista, Mora Recalde, que me acompaña siempre, y la directora de fotografía Carla Luccarella. Es una obra muy pequeña, de bajo presupuesto, componentes de género y una atmósfera anclada en un realismo que va girando hacia el fantástico, como es, un poco, la realidad misionera.

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